Investigación arqueológica
El ADN del Rin y el Mosa muestra una transición agrícola distinta a la de otras regiones europeas
Un estudio de 112 personas combina genética, isótopos y arqueología para examinar continuidad, movilidad y cambios culturales entre el Mesolítico y el Bronce.

En este artículo
La población prehistórica de la cuenca del Rin y del Mosa siguió trayectorias diferentes de las observadas en otras regiones de Europa. Un equipo internacional ha analizado restos de 112 individuos de los Países Bajos, Bélgica y el noroeste de Alemania, fechados entre hace 10.500 y 3.700 años. La Vrije Universiteit de Ámsterdam difundió el 11 de febrero de 2026 el estudio, publicado en Nature, al que contribuyó con análisis isotópicos.
Cuarenta y cuatro de las personas estudiadas no contaban con datos genéticos anteriores. La combinación de ADN, registro arqueológico y técnicas geoquímicas permite examinar migraciones y relaciones sociales a diferentes escalas. Los resultados no describen una única sustitución demográfica, sino cambios que tuvieron ritmos distintos a lo largo de la secuencia.
La aportación isotópica de la universidad se integra en ese análisis conjunto: ofrece datos de movilidad individual que complementan las comparaciones de ascendencia y parentesco entre las poblaciones examinadas.
La movilidad durante la infancia
La investigadora en ciencias de la Tierra Lisette Kootker examinó mediante isótopos dónde permanecieron los individuos durante sus primeros dieciséis años. Esa información ayuda a interpretar los resultados genéticos a través de trayectorias de vida: movimientos entre lugares, contactos con otros grupos y relación con el territorio.
Uno de los resultados principales es la menor mezcla genética entre los primeros agricultores y los cazadores y recolectores locales respecto a otras zonas europeas. Mientras que en muchas regiones predominó rápidamente una ascendencia asociada a agricultores de origen anatolio, en esta cuenca se mantuvo durante mucho tiempo una marcada continuidad con poblaciones cazadoras y recolectoras.
La influencia genética de los agricultores parece haberse transmitido principalmente a través de mujeres. Los investigadores plantean que pudieron introducir también conocimientos de agricultura y producción cerámica. Esa interpretación concuerda con indicios arqueológicos de una adopción tardía de la agricultura como forma completa de subsistencia en los paisajes húmedos de costas y ríos.
Cambios culturales y ascendencia
Hacia 3000 a. C., la expansión de la cultura de la cerámica cordada volvió a mostrar diferencias regionales. En otros territorios europeos llegó acompañada de una rápida difusión de ascendencia esteparia; en los esqueletos estudiados del oeste neerlandés, ese perfil apenas aparece. Los resultados sugieren que las comunidades pudieron adoptar elementos como nuevas tradiciones cerámicas sin experimentar al mismo tiempo una transformación genética comparable.
La situación cambia hacia 2500 a. C., durante el periodo campaniforme: la ascendencia relacionada con las estepas aparece en todos los individuos examinados de esa fase. Aún se desconoce si el cambio fue gradual o respondió a una migración rápida. Las comparaciones genéticas apuntan, además, a que la región del Rin y el Mosa pudo ser un área importante de procedencia para la expansión campaniforme hacia el actual Reino Unido.
Los análisis de parentesco reconocen vínculos regionales y relaciones con individuos de Polonia, Estonia y el Reino Unido. La escala de esos contactos muestra comunidades conectadas a grandes distancias. Para los investigadores, el estudio ofrece una explicación más matizada de migración e identidad, al distinguir la transmisión de ideas de los cambios de población y relacionar genética, movilidad y evidencias materiales.
Los paisajes neolíticos de Swifterbant
Los yacimientos de Swifterbant, en Flevoland, conservan un registro especialmente relevante para estudiar la relación entre las comunidades y los ambientes húmedos. El registro patrimonial neerlandés protege terrenos con restos de asentamientos, campos de cultivo y cementerios del Neolítico antiguo y medio, además de evidencias posteriores. Son componentes diferentes de un paisaje ocupado y transformado, no únicamente lugares donde se recogieron objetos aislados.
Las investigaciones arqueológicas del área comenzaron a desarrollarse tras el hallazgo de cerámica y sílex en 1962, durante los trabajos de desecación y acondicionamiento del pólder. Las excavaciones identificaron ocupaciones mesolíticas y neolíticas, con recipientes característicos y herramientas que conservaban rasgos de las tradiciones cazadoras y recolectoras. Los restos de fauna y vegetales aportaron pruebas sobre la transición hacia la agricultura. El conjunto permite relacionar actividades de subsistencia, asentamiento y enterramiento dentro del medio fluvial, mientras los nuevos análisis de movilidad y ascendencia amplían las preguntas sobre quiénes habitaron esos espacios y cómo se relacionaron con otras poblaciones.



