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Investigación arqueológica

La Cova 338 documenta ocupaciones recurrentes y trabajo de minerales en la alta montaña

El estudio de esta cavidad de Queralbs, situada a 2.235 metros, identifica actividades organizadas desde la prehistoria. Los minerales verdes apuntan al aprovechamiento de recursos ricos en cobre durante el Neolítico final y la Edad del Bronce.

· Fecha de la fuente: · Fuente: Universitat Autònoma de Barcelona
Figura científica con vistas del valle y de la entrada de la Cova 338, en la alta montaña de Queralbs.
La Cova 338 y su entorno de alta montaña. Figura 2 del estudio científico de Tornero y colaboradores (2026), reproducida sin recorte. Fotografía o figura: Carlos Tornero y coautores · Frontiers in Environmental Archaeology · CC BY 4.0 · Procedencia.
En este artículo
  1. Hogares, minerales y adornos
  2. Excavación y registro a más de dos mil metros
  3. Un paisaje compartido con el Roc de les Orenetes
  4. Fuentes consultadas

Las excavaciones de la Cova 338, en el valle de Núria, han registrado una secuencia de ocupaciones que cambia la imagen de la alta montaña como un espacio utilizado solo de manera ocasional. La Universitat Autònoma de Barcelona difundió el 5 de mayo de 2026 los resultados de una investigación dirigida junto con el IPHES-CERCA y publicada en Frontiers in Environmental Archaeology.

Situada a 2.235 metros de altitud, la cavidad conserva numerosos hogares, restos animales, cerámica y minerales verdes, probablemente malaquita. El equipo la presenta como la cueva con ocupaciones prehistóricas intensas a mayor altura conocida hasta ahora en los Pirineos. Su registro permite estudiar actividades económicas concretas en un ambiente que durante décadas se había considerado marginal para aquellas comunidades.

Las dataciones sitúan las distintas fases de uso entre el V milenio a. C. y finales del I. Entre ellas hubo periodos de abandono, de modo que el conjunto refleja retornos sucesivos. Los investigadores relacionan esa recurrencia con una utilización planificada del espacio, integrada en formas de movilidad estacional.

El trabajo está encabezado por Carlos Tornero, catedrático de Prehistoria de la UAB e investigador del IPHES-CERCA. Participan también especialistas de la Universitat Rovira i Virgili, la Universidad de Granada, la Universitat Pompeu Fabra y la Universitat de les Illes Balears, entre otras instituciones.

Hogares, minerales y adornos

Durante las excavaciones en extensión de 2021 a 2023 se reconocieron numerosas estructuras de combustión. Junto con los materiales recuperados y su distribución, esos hogares muestran la repetición de actividades dentro de la cueva. El análisis espacial distingue áreas y estructuras que los autores interpretan como una organización interna clara.

Entre los hallazgos sobresale un conjunto de fragmentos minerales ricos en cobre. Según la investigación, se introducían en la cavidad y allí eran fragmentados o procesados. Los autores proponen una explotación sistemática de estos recursos durante el Neolítico final y la Edad del Bronce, y sitúan las evidencias entre las más antiguas de este tipo conocidas en Europa occidental.

El artículo científico cuantifica más de 170 fragmentos minerales recogidos directamente durante la excavación, a los que se suman numerosos ejemplares pequeños recuperados al tamizar los sedimentos. Las manchas verdes y, en algunos casos, azules orientan una identificación preliminar de minerales de cobre; los análisis químicos y microestructurales deben precisar su composición. Los autores destacan que esas materias no se encuentran de forma natural dentro de la cueva y que los fragmentos pequeños presentan aristas compatibles con su procesamiento.

El mineral y sus huellas de procesamiento permiten examinar una actividad económica realizada en altura. El anuncio describe el aprovechamiento de materias primas y su tratamiento dentro del abrigo; la novedad reside en la intensidad y organización de esas prácticas, junto con la reiteración de las ocupaciones.

También se recuperaron dos colgantes: uno elaborado con una concha marina del género Glycymeris y otro con un diente de oso pardo. Ambos documentan el adorno personal. Mientras que la concha presenta paralelos en otros yacimientos catalanes, la pieza dental es menos habitual y el equipo plantea un posible significado simbólico específico.

La publicación reúne además 333 fragmentos cerámicos y el análisis de 945 restos animales. Entre los identificados predominan las ovejas o cabras, junto con una representación menor de otros animales. La fragmentación dificulta reconstruir las formas completas de los recipientes, pero conserva información sobre técnicas de fabricación y actividades realizadas en los distintos niveles.

Para Tornero, la combinación de esas evidencias obliga a reconsiderar el papel de los ambientes alpinos en las sociedades prehistóricas. La cueva se interpreta como un espacio logístico al que las comunidades regresaban para realizar tareas determinadas. Eudald Carbonell, investigador del IPHES-CERCA y coautor del estudio, sitúa la montaña dentro de su organización económica y territorial.

Excavación y registro a más de dos mil metros

Los trabajos forman parte de Arrels, el programa sobre las raíces prehistóricas de la movilidad y la ocupación humana en el Alt Ripollès. El proyecto arqueológico de 2022–2025, dirigido por Tornero y Carbonell, recibió financiación del Departamento de Cultura de la Generalitat de Catalunya a través de AGAUR-DGPC.

La localización condicionó toda la logística. El acceso desde el valle de Núria solo es posible a pie y las intervenciones no podían utilizar apoyo motorizado. Herramientas, materiales y sedimentos tuvieron que transportarse manualmente, una exigencia que Tornero destaca al explicar las condiciones de la excavación.

A pesar de esa dificultad, se aplicaron procedimientos de alta resolución: registro tridimensional de todos los materiales, muestreo sistemático de los sedimentos y lavado y flotación para recuperar vestigios pequeños. Esas técnicas permiten relacionar las piezas con su posición y ampliar la información sobre las tareas desarrolladas en cada sector.

Según el artículo, la excavación se concentró en seis metros cuadrados y documentó 43 unidades estratigráficas con sus relaciones. Los carbones seleccionados para datación fueron registrados en su posición y examinados para identificar la madera antes del análisis por radiocarbono. Esa secuencia sustenta la separación de las fases de ocupación y de los intervalos entre ellas.

El Ayuntamiento de Queralbs y el Parc Natural de les Capçaleres del Ter i del Freser prestaron apoyo logístico e institucional. El yacimiento está protegido y tiene el acceso restringido para preservar los depósitos y facilitar la continuidad de su estudio.

Los investigadores consideran que esta secuencia ofrece una referencia para comprender la ocupación de la alta montaña pirenaica. Los resultados abren nuevas preguntas sobre el aprovechamiento temprano de recursos minerales y sobre los desplazamientos con los que aquellas comunidades integraban las zonas elevadas en su territorio.

El registro permite relacionar la historia de la cavidad con actividades económicas y desplazamientos reiterados por el macizo.

Un paisaje compartido con el Roc de les Orenetes

En el mismo municipio de Queralbs, el Roc de les Orenetes conserva un registro de naturaleza distinta: una cueva funeraria situada a más de 1.800 metros de altitud. Las investigaciones difundidas por el IPHES-CERCA identifican allí restos de más de cincuenta personas y dos etapas principales de enterramiento, entre 2400 y 2200 a. C. y entre 1550 y 1450 a. C., con fechas calibradas.

Ese conjunto se relaciona con el Calcolítico final y el Bronce medio, dentro del amplio periodo de uso de la Cova 338. Cerámicas, adornos y restos humanos permiten estudiar las prácticas funerarias, mientras que los hogares y minerales de la cavidad más elevada informan sobre actividades de ocupación y producción.

Ambos registros amplían el conocimiento de la prehistoria reciente del Alt Ripollès desde perspectivas complementarias. La relación territorial y cronológica sitúa los espacios funerarios y las actividades de alta montaña en un mismo marco regional, cuyo estudio reúne arqueología, antropología y análisis de materiales.

Fuentes consultadas

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