Investigación arqueológica
Una hoz de basalto del Bentayga documenta la siega en la Gran Canaria indígena
Las marcas microscópicas de una herramienta recuperada en un granero de los siglos X–XIII aportan una prueba directa del corte de cereales.

En este artículo
El grupo Tarha de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria ha identificado una herramienta de basalto con huellas de corte de cereales en el Roque Bentayga, en Tejeda. La universidad anunció el 11 de marzo de 2026 la primera evidencia directa reconocida de una hoz de piedra durante el periodo indígena del archipiélago.
Idaira Brito Abrante y Amelia Rodríguez Rodríguez dirigen el estudio, publicado en Journal of Archaeological Science: Reports. La investigación examinó funcionalmente herramientas recuperadas en un granero excavado en la roca volcánica, utilizado para almacenar cereales entre los siglos X y XIII. Entre ellas destacó un útil retocado cuyo desgaste solo se aprecia mediante microscopio.
Una técnica de cosecha reconocida por sus huellas
Los primeros testimonios sobre las poblaciones indígenas sugerían que recogían el cereal con las manos, sin herramientas. Los estudios de semillas de viviendas y de restos vegetales e insectos de los graneros habían comenzado a cuestionar esa explicación. Las espigas con marcas, los tallos cortados y las malas hierbas asociadas a insectos apuntaban a formas de cosecha más variadas.
El útil de basalto añade una prueba material del corte y refuerza la interpretación de que las comunidades adaptaron sus técnicas a la ausencia de metales en las islas. Según la universidad, una hoz de piedra permitiría recoger cereal de manera más rápida y limpia que con las manos. Después de la conquista castellana, las herramientas importadas de Europa introdujeron hoces metálicas que sustituyeron a las de piedra.
El artículo precisa que el complejo C008 pasó de granero a espacio funerario. Las condiciones de conservación incluyen restos vegetales desecados y tejidos animales blandos. El análisis funcional reconoce actividades de procesamiento vegetal, trabajo de cuero y modificación de la propia cueva. Los autores proponen que las herramientas participaron tanto en las tareas agrícolas y constructivas de la primera fase como en la preparación del espacio y de los restos durante su reutilización funeraria. Es una interpretación conjunta de las huellas de uso y de la asociación espacial de los materiales.
Herramientas relacionadas con los fardos funerarios
El estudio identificó también útiles cuyas huellas corresponden al trabajo de materiales vegetales y pieles. Los autores los relacionan probablemente con la preparación de los fardos que envolvían a las personas enterradas en la cueva, durante la fase final del ritual funerario y en el lugar donde después se depositaban los cuerpos.
Esa interpretación se apoya en un estudio experimental reciente de la ULPGC sobre insectos funerarios. Sus resultados plantean que la descomposición pudo producirse de forma natural dentro de las cavidades. La asociación entre herramientas, materiales trabajados y prácticas funerarias se examina así desde distintos tipos de evidencia.
La investigación combina análisis funcional, arqueobotánica y estudio de la cultura material. Junto con Brito Abrante y Rodríguez Rodríguez firman Jonathan Santana, Jacob Morales, Miguel del Pino Curbelo, Candela Martínez-Barrio, Julie Campagne y Sandra Cancel.
El trabajo recibió financiación del Consejo Europeo de Investigación, el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades y la Agencia Canaria de Investigación, Innovación y Sociedad de la Información, entre otras entidades. Las actuaciones de campo se desarrollaron dentro del convenio sobre el origen y evolución del poblamiento del paisaje cultural de Risco Caído y las Montañas Sagradas de Gran Canaria, financiado por su instituto de gestión, dependiente del Cabildo.
Graneros y espacios rituales en las montañas de Gran Canaria
El Bentayga forma parte del paisaje cultural de Risco Caído y las Montañas Sagradas, inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial en 2019. La UNESCO describe un territorio central de barrancos, riscos y formaciones volcánicas que conserva viviendas, graneros y cisternas excavados en la roca. Esas construcciones documentan diferentes usos del espacio por las comunidades indígenas anteriores a la conquista del siglo XV.
El conjunto comprende también cavidades rituales y los almogarenes de Risco Caído y del Roque Bentayga, asociados a ceremonias estacionales. La interpretación de una posible relación con cultos astrales y a la Tierra Madre se mantiene como propuesta. Las inscripciones líbico-bereberes añaden un registro específico de la presencia y expresión cultural amazigh en la isla.
El estudio de graneros y herramientas se inserta en ese paisaje de aprovechamiento de recursos y organización territorial. Las estructuras de almacenamiento ofrecen información sobre la producción agrícola, mientras otras cavidades y testimonios materiales permiten examinar prácticas funerarias y rituales sin atribuir una misma función a todos los espacios.



