Investigación arqueológica
Los cascos de Benicarló se fechan en la Baja Edad Media mediante los tejidos conservados
Una investigación coordinada desde la Universidad de Alicante reinterpreta 43 yelmos recuperados en 1990. Las dataciones de sus revestimientos sitúan el conjunto entre finales del siglo XIV y comienzos del XV, dentro de un posible cargamento comercial de armamento.

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Los 43 cascos de hierro hallados frente a Benicarló, considerados durante más de tres décadas de época romana, pertenecen a la Baja Edad Media. La Universidad de Alicante anunció el 4 de junio de 2026 los resultados de una investigación publicada en Antiquity que sitúa su cronología entre finales del siglo XIV y comienzos del XV.
El estudio está encabezado por Manuel Frallicciardi, doctorando en cotutela entre las universidades de Alicante y Salerno, dentro de un equipo internacional coordinado desde la UA. Raimon Graells, profesor de esta universidad y codirector de su proyecto doctoral, participa también como autor.
El conjunto procede del yacimiento subacuático de Piedras de la Barbada. En 1990, unos pescadores extrajeron accidentalmente dos grandes bloques metálicos con sus redes. La corrosión marina había unido las piezas en masas compactas dentro de las que se conservaban los yelmos. La concentración de 43 ejemplares llevó a los investigadores a plantear que formaban parte de un cargamento que pudo ser mayor.
La universidad lo presenta como el mayor lote de cascos medievales conocido en el Mediterráneo occidental. Para Graells, su interés se extiende al comercio de armamento a gran escala y a las redes de intercambio que comunicaban distintos territorios costeros.
Una forma poco documentada
La identificación resultó difícil porque las piezas reunían características que recordaban tanto a modelos tardorromanos como a ejemplares medievales inspirados en la tradición clásica. Frallicciardi explica que apenas existían paralelos conocidos y que los análisis mostraron una tipología distinta de las catalogadas hasta entonces.
La búsqueda de referencias condujo a representaciones iconográficas semejantes en Inglaterra durante el siglo XIV, aunque sin equivalencias exactas. Ese resultado orientó la comparación, mientras que las dataciones científicas permitieron establecer la cronología del conjunto con mayor precisión.
El equipo utilizó un procedimiento de análisis desarrollado en la UA, empleado habitualmente en arqueología pero aplicado por primera vez a armamento medieval de estas características. Lo combinó con dataciones por radiocarbono de restos textiles conservados en el interior de varios cascos.
El artículo científico explica que las muestras se tomaron del grupo de piezas mejor conservado. Su posición dentro de los bloques quedó documentada antes del examen mediante microscopía, espectroscopia, difracción de rayos X y microtomografía. Esas pruebas estudiaron fibras, sedimentos y productos de corrosión para evaluar su conservación y posibles contaminantes. La datación por radiocarbono se integró después con ese análisis material. El tejido conservado presenta fibras vegetales y un ligamento sencillo, con hilos que se cruzan alternativamente por encima y por debajo.
Los fragmentos del revestimiento fueron decisivos. En algunos ejemplares, la combinación de concreciones marinas y sedimentos había sellado los tejidos y creado condiciones estables que protegieron la materia orgánica. Bajo esos depósitos se conservó así parte de la información necesaria para revisar la atribución romana.
El carbono 14 confirmó una forma de casco poco documentada, situada por los autores en una etapa de transición tecnológica que no tuvo continuidad posterior. La nueva datación relaciona las piezas con un contexto comercial y militar bajomedieval, muy diferente del que acompañó a su catalogación inicial.
La hipótesis de una remesa comercial
Los especialistas consideran que todos los cascos pertenecían a una misma remesa cuando llegaron al fondo. Su propuesta más probable es la pérdida de un lote embalado durante alguna operación de carga o descarga. Los objetos aparecieron a apenas seis metros de profundidad, junto a una zona utilizada como embarcadero.
Graells plantea que una parte del cargamento quedó bajo la arena y no pudo recuperarse entonces. El enterramiento y la corrosión ayudaron a conservar el paquete durante siglos, incluidos los tejidos interiores que ahora han permitido reconstruir su cronología.
La investigación apunta a la circulación de armamento entre el litoral valenciano y los grandes centros comerciales del norte de Italia, como Génova. El elevado número de piezas sugiere un transporte de equipamiento militar dentro de circuitos organizados que conectaban distintos puntos del Mediterráneo.
Los autores sitúan esa interpretación en un periodo de conflictos y creciente militarización de la costa. La expansión de la piratería islámica en el litoral valenciano de mediados del siglo XIV generó una demanda de equipo defensivo. En ese marco, el cargamento pudo destinarse a milicias locales, tropas del Reino de Valencia o compañías encargadas de proteger la frontera marítima.
La identificación de los destinatarios permanece como hipótesis. El conjunto aporta, en cambio, una referencia material de la circulación de numerosos cascos en una misma remesa y de una forma de yelmo medieval que hasta ahora contaba con pocos paralelos.
Peñíscola y el territorio medieval de Castellón
En esa misma franja costera, la cercana Peñíscola conserva uno de los principales conjuntos medievales del litoral castellonense. La Diputación de Castellón describe su castillo como una construcción templaria del siglo XIII que se convirtió, durante el XV, en residencia del papa Benedicto XIII, conocido como Papa Luna. Sus murallas, torres y dependencias permiten situar distintos episodios de la historia de la costa.
El patrimonio templario provincial incluye también el castillo de Xivert, cabeza de encomienda desde 1243. La documentación de la Diputación relaciona estos enclaves con otros asentamientos de la franja litoral y del interior, dentro de un territorio donde se conservan edificios de las órdenes militares medievales.
Estos conjuntos proporcionan referencias construidas para el marco histórico al que pertenece la nueva datación de los cascos. El estudio de Benicarló añade el registro subacuático de una posible remesa de armamento a la investigación de las comunicaciones y actividades militares del Mediterráneo bajomedieval.



