Roma
Una piscina fría y galerías de servicio amplían las termas romanas de Toledo
El Consorcio de la Ciudad de Toledo presentó en mayo de 2022 restos de piscinas de agua fría, galerías de servicio y elementos decorativos de las termas imperiales bajo un edificio de la calle Navarro Ledesma. La excavación enlaza estructuras antes conocidas en inmuebles próximos y refuerza la interpretación de un complejo público de gran tamaño en la Toletum altoimperial.

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El sondeo se realizó en el semisótano de un edificio residencial del número 2 de la calle Navarro Ledesma. Allí aparecieron partes de piscinas que el Consorcio atribuyó al frigidarium, la zona de baño frío. Junto a ellas registró conducciones de abastecimiento, galerías de servicio, una basa de columna, mármoles decorativos y cerámica del Alto Imperio. El hallazgo permitió comprobar con nuevos restos una hipótesis sobre la extensión del edificio termal en el entorno de la plaza Amador de los Ríos.
La excavación abarcó más de cien metros cuadrados y alcanzó hasta seis metros de profundidad. En esa sección se distinguieron tres niveles arquitectónicos, con dos o tres pisos de construcciones. El organismo explicó que esta superposición es inusual en las intervenciones del lugar y se relaciona con una planta subterránea de servicio. Los trabajadores podían circular por aquellas galerías para atender los hornos, mantener las instalaciones y alimentar de agua las piscinas. Las conducciones también formaban parte del saneamiento y la evacuación; el baño necesitaba una infraestructura que no quedaba a la vista de quienes utilizaban sus salas superiores.
Una red de edificios y conductos
Los muros y niveles descubiertos eran lo bastante sólidos para soportar construcciones de varios metros por encima, según los responsables de la intervención. La nueva zona de piscinas no apareció aislada: trabajos anteriores en el oratorio de San Felipe Neri habían señalado posibles restos del frigidarium, y otra vivienda próxima había proporcionado parte de las galerías. La excavación de 2022 permitió seguir esas estructuras de un inmueble a otro. Por ello, el Consorcio las adscribió a un edificio termal monumental de época altoimperial y a un sistema hidráulico que ocupaba un área mayor de la conocida hasta entonces.
Entre las piezas recuperadas destaca la basa de una columna, su elemento inferior, sobre el que se levantaban el fuste y el capitel. La cerámica y los mármoles aportan datos sobre cronología y decoración, aunque el estudio de los detalles constructivos seguía abierto al anunciarse el hallazgo. Los restos nuevos ampliaban las investigaciones de 2004 a 2018, que el Consorcio había reunido en el monográfico Las termas imperiales de Toletum, publicado en 2019.
La intervención en Navarro Ledesma
El proyecto incluía tanto la excavación del semisótano como la restauración de fachadas y cubiertas del edificio residencial. La obra fue adjudicada a Proiescon. Carmelo Fernández Calvo y Santiago Moreno desarrollaban los trabajos arqueológicos, con dirección facultativa de los arquitectos José Antonio Rosado Artalejo y Óscar Caselles. El Consorcio justificó su intervención porque el inmueble se encuentra dentro del ámbito de restos romanos vinculados con el uso del agua, una zona donde llevaba años investigando y conservando estructuras.
Fernández Calvo interpretó el conjunto como señal del peso de Toledo dentro de la Hispania romana. Comparó su posición con ciudades como Córdoba, Tarragona o Mérida, aunque recordó que Toletum no tuvo la condición de capital que alcanzaron aquellas. El estudio de las piscinas, galerías, conducciones, niveles y materiales debía precisar las dimensiones y las fases del edificio.
El sector conservado de Amador de los Ríos
Antes del anuncio de Navarro Ledesma ya se conocía el sector de las mismas termas conservado en la plaza Amador de los Ríos. Según el Consorcio, sus restos se identificaron en 1986; allí subsisten una canalización abovedada de hormigón romano y un arco de dovelas de granito para el suministro de agua, sobre los que se levantó el edificio balnear. Entre los espacios excavados figura una sala rectangular de unos 120 metros cuadrados con hipocausto, el sistema que calentaba el suelo y el ambiente del caldarium.
El organismo sitúa la construcción de ese sector entre finales del siglo I y mediados del II d. C. La conservación y la investigación de la plaza precedieron al anuncio de Navarro Ledesma; ambos sectores forman parte de las mismas termas. La fotografía muestra el sector ya conocido y conservado en Amador de los Ríos.



