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Investigación arqueológica

El Tesoro de Tomares reúne diez años de investigación en una nueva exposición

El estudio ha documentado 12.500 monedas de los recipientes fracturados. Nueve de las diecinueve ánforas halladas en 2016 permanecen cerradas.

· Fecha de la fuente: · Fuente: Junta de Andalucía
Monedas romanas del Tesoro de Tomares expuestas en el Museo Arqueológico de Sevilla en 2017.
Monedas del Tesoro de Tomares expuestas en el Museo Arqueológico de Sevilla en 2017. Fotografía del conjunto histórico; no corresponde a la exposición de 2026. Fotografía o figura: Anual · CC BY-SA 4.0 · Procedencia.
En este artículo
  1. Monedas documentadas y recipientes pendientes
  2. Diez años de trabajos y difusión
  3. La transformación de Itálica en el Bajo Guadalquivir
  4. Fuentes consultadas

La exposición dedicada al décimo aniversario del Tesoro de Tomares presenta los avances de investigación, conservación y difusión del conjunto monetario romano. La Junta de Andalucía informó el 28 de abril de 2026 de la muestra instalada en la Hacienda de Santa Ana, sede del Ayuntamiento, con la Universidad de Sevilla y ARQ Innova.

El hallazgo se produjo el 27 de abril de 2016 durante las obras de acondicionamiento del Olivar de El Zaudín como parque público. Una excavadora arrastró parte de diecinueve ánforas llenas de monedas; diez recipientes se fracturaron o resultaron afectados por el impacto. El conjunto contiene unas 53.000 piezas y ofrece información sobre la economía de la Bética a finales del siglo III y comienzos del IV.

Monedas documentadas y recipientes pendientes

Los técnicos del Museo Arqueológico de Sevilla y los especialistas universitarios han catalogado, limpiado y documentado 12.500 monedas. Esa cifra corresponde aproximadamente a la mitad de las piezas disponibles en las diez ánforas fracturadas. Los otros nueve recipientes olearios siguen cerrados.

En paralelo se estudian la función del depósito y los motivos de su ocultación. Su emplazamiento se relaciona con una hacienda olivarera del territorio de la antigua Hispalis. El conjunto abre preguntas sobre circulación monetaria, acumulación y acontecimientos políticos, pero las razones concretas por las que fue enterrado continúan siendo objeto de investigación.

Las piezas son de bronce, con pequeñas cantidades de plata, y se acuñaron entre 294 y 312 d. C. Corresponden al horizonte de la Tetrarquía, el sistema instaurado por Diocleciano en 293 que distribuía el poder entre dos augustos y dos césares. Las monedas permiten estudiar un periodo de conflictos y cambios del gobierno imperial a través de un depósito conservado en el mismo lugar.

Tras su descubrimiento, el tesoro ingresó en el Museo Arqueológico de Sevilla. Desde 2020, debido al cierre de su sede principal del Parque de María Luisa por obras de rehabilitación, se custodia en el Centro Logístico de Patrimonio Cultural de San José de la Rinconada. Allí permanece accesible a los investigadores.

Diez años de trabajos y difusión

La muestra, anunciada hasta el 8 de mayo, recorre la década de investigación mediante paneles y recreaciones de las ánforas. Incluye una reproducción de una officina monetalis destinada a explicar técnicas y herramientas de acuñación romanas. Esos recursos presentan el proceso de trabajo sobre el tesoro junto con los resultados obtenidos.

La numismática Ruth Pliego Vázquez, de la Universidad de Sevilla, es su comisaria. Ha colaborado también Jacobo Vázquez Paz, director de la intervención arqueológica posterior al hallazgo. La viceconsejera Macarena O’Neill visitó la exposición con el alcalde José María Soriano y la delegada de Cultura en Sevilla, Carmen Ortiz; destacó el valor social y científico del conjunto por encima de su importe económico.

El museo y la universidad han desarrollado proyectos de investigación, conservación preventiva y transferencia del conocimiento desde que apareció el depósito. Parte de sus resultados se reúne ahora en Tomares, cerca del lugar donde las obras promovidas por la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir y el Ayuntamiento sacaron las ánforas a la luz.

La primera exposición del tesoro en el Museo Arqueológico de Sevilla, entre diciembre de 2016 y septiembre de 2017, recibió 53.000 visitantes. Tres ánforas formaron parte después de Monedas que brotan de la tierra, en el Museo Arqueológico Nacional, entre mayo y septiembre de 2025, con 47.594 visitantes. La nueva muestra incorpora la continuidad del estudio durante estos diez años.

La información municipal detalla la intervención posterior al descubrimiento. Francisco Javier Orozco, encargado de obras de TRAGSA, activó los protocolos de seguridad; la Junta promovió después una investigación urgente del contexto. Durante varios meses se realizaron estudios geotécnicos y prospecciones pedestres, además de un sondeo de cuatro por cuatro metros. Jacobo Vázquez explica que la estratigrafía reconocida mostraba estructuras de uso, en lugar de un terreno rural aislado. Se delimitaron áreas interpretadas como espacio de explotación y zona de vivienda, que quedaron bajo cautela arqueológica.

Los diez paneles de la exposición recorren el descubrimiento, la excavación, la posición de Tomares en la Antigüedad y el marco político de la ocultación. Otros apartados estudian los emperadores y la presencia de mujeres en la moneda imperial, la iconografía de los reversos, la restauración y las nuevas tecnologías, los datos numismáticos y los análisis físico-químicos. Las ánforas reutilizadas son del tipo Tejarillo 1, destinado originalmente al aceite.

En la presentación, la comisaria cifró en 20.029 las monedas estudiadas durante la década. El comunicado de la Junta utiliza otro indicador: 12.500 catalogadas, limpiadas y documentadas. Ambos recuentos corresponden a las cifras expresamente difundidas por esas instituciones y se conservan con su atribución y alcance, pues las comunicaciones no explican si comprenden las mismas operaciones o conjuntos de piezas.

La transformación de Itálica en el Bajo Guadalquivir

El depósito de Tomares pertenece a un territorio donde las ciudades romanas experimentaron importantes cambios durante los siglos III y IV. En la cercana Itálica, la Junta documenta la reducción del espacio urbano y el abandono de parte de edificios e infraestructuras. La ciudad había alcanzado su mayor desarrollo bajo Trajano y Adriano, con nuevas áreas residenciales y grandes construcciones públicas.

La ampliación adrianea, el anfiteatro y las viviendas con mosaicos conservan testimonios de aquella etapa. Su posterior transformación se relaciona con factores políticos, sociales y económicos, junto con posibles problemas del subsuelo. La pérdida de peso frente a Hispalis y Corduba no supuso una desaparición completa: las casas y la necrópolis mantuvieron evidencias de vida urbana tardorromana.

Esa secuencia ofrece un contexto regional para estudiar el cambio del Bajo Imperio. Las transformaciones de una ciudad y la ocultación de un conjunto monetario son registros diferentes; sus cronologías permiten plantear preguntas sobre el territorio sin atribuirles automáticamente una causa común.

Fuentes consultadas

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