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ARGARICA

Historia y patrimonio de la península ibérica

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El Argar

Las comunidades del norte limitaron la expansión de El Argar

Un estudio de Marcello Peres y Roberto Risch relaciona la dispersión de los poblados, sus defensas y sus formas de intercambio con la resistencia a la expansión argárica. El análisis reúne más de un siglo de investigaciones y propone una explicación social para las diferencias entre el centro y la periferia durante la Edad del Bronce.

· Fecha de la fuente: · Fuente: Universitat Autònoma de Barcelona
Mapa del sureste de la península Ibérica con el territorio de El Argar y el área central y oriental estudiada al norte.
Territorio argárico y área central y oriental de la península analizada en el estudio. Mapa de Marcello Peres, figura 1 de Peres y Risch (2026). Marcello Peres · Fuente de la imagen · CC BY 4.0.
En este artículo
  1. Poblados pequeños, posiciones protegidas
  2. Armas que no circularon como el marfil
  3. La violencia en los cuerpos
  4. Una comparación a escala peninsular
  5. Del asentamiento de El Argar a las motillas manchegas
  6. Fuentes consultadas
  7. Fuentes del contexto patrimonial

La expansión de El Argar encontró límites distintos según la dirección de su avance. Hacia el norte, las comunidades vecinas mantuvieron un poblamiento disperso y protegido, economías propias y relaciones de intercambio selectivas. Marcello Peres y Roberto Risch, investigadores del Departamento de Prehistoria de la Universitat Autònoma de Barcelona, interpretan esa combinación como una forma de resistencia a la incorporación a una organización política más centralizada y jerárquica.

Su estudio, «Social Resistance in Bronze Age Iberia», apareció el 15 de octubre en Journal of Archaeological Research y fue difundido por la UAB el día 19. Examina relaciones sociales, económicas y políticas entre aproximadamente 2200 y 1550 a. C. a partir de datos acumulados durante más de un siglo de excavaciones y prospecciones. La escala del análisis supera los 210.000 kilómetros cuadrados del cuadrante sudoriental peninsular e incorpora información de más de 1.500 asentamientos.

Poblados pequeños, posiciones protegidas

Los autores comparan El Argar, considerado por numerosos especialistas uno de los primeros Estados de Europa occidental, con las comunidades no estatales independientes situadas en su periferia septentrional. En lugar de separar esas poblaciones solo por cerámicas o formas de enterramiento, estudian conjuntamente los asentamientos, sus medios de producción y las evidencias de violencia.

Una diferencia destacada es el tamaño de los núcleos. Más del 83 % de los poblados periféricos conocidos ocupa menos de 2.000 metros cuadrados y casi la mitad no alcanza los 500. Peres y Risch denominan «atomización» a esa dispersión en unidades reducidas. En su interpretación, la dificultad de concentrar y controlar población y recursos contribuyó a limitar la capacidad de sometimiento del vecino meridional.

A la dispersión se sumaba la protección del emplazamiento. Más de tres cuartas partes de esos asentamientos estaban en cerros o posiciones naturalmente defendidas, contaban con barreras de piedra o combinaban ambas soluciones. El «enrocamiento» reúne esas decisiones de ubicación y construcción: lugares elevados, accesos difíciles y defensas que hacían más costoso apropiarse de los recursos de cada comunidad.

El estudio relaciona ese paisaje con estrategias de autosuficiencia y escapatoria. A lo largo de los aproximadamente seiscientos años de existencia de El Argar, su avance territorial hacia el norte fue limitado. La comparación con la expansión occidental muestra que la relación con las poblaciones exteriores no seguía un único patrón: las defensas, los recursos y las respuestas locales cambiaban de una región a otra.

Armas que no circularon como el marfil

La distribución de objetos permite seguir algunas de esas diferencias. Las espadas, alabardas y armas adornadas con remaches de plata tenían un destacado valor político y simbólico entre las élites argáricas. Según los investigadores, las poblaciones del norte no asimilaron ese repertorio de prestigio. Fuera del territorio de El Argar, su concentración principal se encuentra en los corredores mineros del suroeste peninsular.

El marfil de elefante africano ofrece otro dibujo. Circuló por la periferia septentrional, sobre todo transformado en botones prismáticos, mientras tuvo escasa relevancia en la expansión argárica hacia el oeste. Los autores proponen que estas piezas pudieron funcionar como una forma de protomoneda o como señales de alianzas y acuerdos económicos entre comunidades.

Esa propuesta conecta materiales y necesidades productivas. El intercambio de cobre y marfil habría permitido obtener grano, tejidos o fuerza de trabajo en áreas donde su apropiación militar resultaba difícil. Las comunidades periféricas aparecen así como interlocutoras con recursos propios y capacidad de negociación, dentro de una frontera en la que coexistían cooperación y conflicto.

La interpretación del marfil como medio de intercambio se apoya en su circulación y en la regularidad de ciertas formas. Peres y Risch mantienen también la posibilidad de que expresara alianzas a gran escala. El dato arqueológico es la distribución de las piezas; su función monetaria constituye una de las explicaciones que plantea el trabajo.

La violencia en los cuerpos

También el armamento refleja formas diferentes de combatir. El Argar desarrolló armas metálicas especializadas, como espadas y alabardas, ligadas por los autores a guerreros y grupos dominantes. En la periferia norte no se documentan espadas y las alabardas son muy escasas. Allí la defensa recurría a útiles de empleo más amplio, entre ellos hachas de cobre o piedra y puntas de flecha de sílex, hueso y metal.

Las lesiones de los restos humanos añaden otra evidencia. En conjuntos de la frontera septentrional argárica, hasta el 37,5 % de los esqueletos conservados presenta heridas mortales o de combate producidas por armas. El estudio destaca asimismo la Motilla del Azuer, en Ciudad Real: entre el 48 % y el 57 % de los hombres adultos enterrados en sus primeras fases muestra lesiones letales o de lucha, vinculadas a hachas y puñales de cobre.

Estos porcentajes corresponden a los conjuntos analizados y a sus fases de enterramiento. Junto con los emplazamientos y los objetos, permiten a los autores reconstruir una frontera sometida a tensiones duraderas. La resistencia que proponen combina confrontación armada, dispersión y control de los medios de subsistencia, sin reducir la relación entre territorios a una oposición entre aislamiento e integración.

Una comparación a escala peninsular

Peres sitúa el cambio metodológico en la lectura conjunta del registro de los poblados, frente a clasificaciones apoyadas en una selección reducida de objetos o costumbres funerarias. Para Risch, las diferencias territoriales muestran que las organizaciones expansivas podían encontrar respuestas sociales específicas. La investigación desarrolla esa idea a través de las prácticas materiales de comunidades que conservaron una amplia autonomía frente a El Argar.

Del asentamiento de El Argar a las motillas manchegas

El poblado de El Argar, en Antas, ocupa un lugar central en la historia de la investigación del Bronce del sureste. La documentación del Ayuntamiento destaca los enterramientos bajo las viviendas y la desigualdad de sus ajuares. Los conjuntos más ricos incluyen armas y diademas, mientras otras sepulturas carecen de ofrendas. Son testimonios materiales relevantes para el estudio de las diferencias sociales que aborda la nueva investigación.

Al norte, las motillas de La Mancha representan una forma distinta de asentamiento fortificado. El artículo de Peres y Risch incluye la Motilla del Azuer entre los núcleos situados en llano con defensas construidas y reúne cuarenta y cinco motillas en su discusión sobre la diversidad del poblamiento. Su comparación con los poblados de altura permite examinar distintas maneras de proteger espacios de producción, almacenamiento y residencia. La distribución de estas formas de asentamiento, junto con los materiales y las lesiones humanas, constituye parte de la evidencia empleada por los autores para estudiar las relaciones entre territorios.

Fuentes consultadas

Fuentes del contexto patrimonial

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