El Argar
Los adornos de oro de una tumba argárica de Orihuela sugieren conexiones con Europa central
Una revisión del ajuar de San Antón compara sus pequeños conos de oro con adornos textiles de la cuenca carpática. El equipo propone una posible movilidad femenina entre regiones, aunque la pérdida del esqueleto impide comprobar directamente el origen de la mujer enterrada.

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Una sepultura excavada a comienzos del siglo XX en San Antón, Orihuela, ha vuelto a ser estudiada a partir de la documentación y los materiales conservados. El trabajo propone que sus adornos de oro pueden reflejar relaciones entre el sureste peninsular y la cuenca de los Cárpatos durante la Edad del Bronce. La investigación se publicó el 4 de marzo de 2024 en Cambridge Archaeological Journal.
Juan A. López Padilla, del Museo Arqueológico de Alicante, y Francisco Javier Jover Maestre, Ricardo E. Basso Rial y María Pastor Quiles, de la Universidad de Alicante, firman el estudio. La noticia difundida el día 14 presenta esta nueva interpretación del hallazgo antiguo.
Julio Furgús investigó San Antón y dio a conocer en 1905 esta sepultura. Consideró el sitio una necrópolis con cerca de ochocientos enterramientos, aunque se trata de un asentamiento argárico donde los muertos se depositaban bajo las viviendas. El conjunto estudiado se sitúa entre 1900 y 1650 a. C.
El ajuar y los límites de la documentación
Furgús describió un esqueleto femenino, hoy perdido, colocado en posición encogida sobre el lado derecho y con la cabeza hacia el oeste. Anotó una coloración negra del cráneo cuya causa permanece incierta. A cada lado de la cabeza había una espiral de plata, interpretada como pendiente o elemento de sujeción del cabello, junto a una vasija grande fragmentada.
A la altura de la cintura documentó un cuchillo de catorce centímetros asociado a un pequeño fragmento textil y dos punzones, uno metálico y otro de hueso. El elemento más singular era un conjunto de 73 pequeños conos huecos de oro, de los que se conservan 42. Aparecieron en la zona del cuello, junto con conchas perforadas y dos discos de marfil de unos cinco milímetros.
El excavador interpretó esos materiales como un collar. La revisión examina otra posibilidad: que los conos estuvieran cosidos a la ropa y formaran parte de una ornamentación textil. La disposición descrita y las comparaciones con otros conjuntos son esenciales, aunque la pérdida del esqueleto y las limitaciones del registro antiguo impiden nuevas comprobaciones directas de su posición y procedencia biológica.
Paralelos al otro lado de Europa
Los conos se fabricaron mediante la conformación de pequeñas láminas de oro sobre una matriz con cavidad cónica. El equipo destaca que no tienen un equivalente conocido en plata dentro de la joyería argárica, pese a la presencia habitual de ese metal. Esa singularidad motiva la comparación con materiales centroeuropeos.
Ya se habían señalado semejanzas con piezas del tesoro húngaro de Kápolnahalom. En una necrópolis eslovaca de la cultura Otomani-Füzesabony se reconocieron 144 adornos de oro parecidos en seis tumbas femeninas, situados alrededor de las clavículas. La ornamentación con elementos de oro y bronce cosidos a textiles estaba extendida en Europa central durante este periodo.
Al comparar diseño, fabricación y distribución de los conos entre los esqueletos, los investigadores proponen que pudieron decorar bordes de prendas de mujeres de posición destacada. Las similitudes entre regiones separadas por más de dos mil kilómetros sustentan la propuesta de conexiones entre ambas.
Movilidad femenina como hipótesis
El equipo relaciona la propuesta con evidencias de exogamia femenina en otros asentamientos argáricos, como La Almoloya, y con la movilidad de mujeres documentada en comunidades europeas del Bronce. Considera posible que una mujer procedente de la región carpática se integrara en San Antón y mantuviera una prenda singular dentro de un ajuar compatible con prácticas locales.
También se valoran otras explicaciones: el viaje de un artesano, la reproducción local de una técnica exterior o la circulación de textiles como regalo o intercambio. Los autores favorecen la hipótesis de movilidad, pero reconocen que las alternativas no pueden excluirse completamente. La palabra princesa del título científico expresa una propuesta sobre alto rango, no un título histórico demostrado.
Compatible con las prácticas argáricas, el resto del ajuar permite comparar esta asociación material excepcional con otros conjuntos de la Edad del Bronce y examinar vínculos entre élites y circulación de bienes.
Un ajuar local con un elemento excepcional
Los autores consideran especialmente significativo que los conos no tengan una variante argárica conocida en plata. Si se tratara simplemente de un modelo adoptado por talleres locales, cabría investigar su repetición en otros materiales y tumbas. La ausencia actual de paralelos da peso, según los autores, a la comparación con prendas centroeuropeas.
La exogamia significa formar parejas con personas de otras comunidades. La patrilocalidad, también considerada por el estudio, implica que la pareja se establezca en la comunidad vinculada al hombre. El estudio utiliza ambos conceptos para formular su hipótesis de movilidad femenina.
En ese marco, los autores plantean que una persona llegada de otra región pudo conservar adornos compatibles con su posición social al integrarse en prácticas funerarias locales, como las que reconocen en el resto del ajuar.
El regalo textil sigue siendo una alternativa: nuevas evidencias sobre la circulación de prendas podrían modificar su peso en la interpretación. Las conexiones entre élites propuestas para la primera mitad del segundo milenio antes de Cristo se apoyan en las comparaciones y en la documentación conservada. El origen personal, en cambio, no puede comprobarse mediante ADN o isótopos porque los huesos se han perdido.
El estudio relaciona así los adornos de la tumba con las prácticas sociales propuestas para el Bronce europeo.
San Antón y los enterramientos bajo las viviendas
San Antón pertenece al registro de asentamientos argáricos del sureste peninsular. La presencia de tumbas bajo los espacios habitados relaciona las prácticas funerarias con la vida doméstica y obliga a interpretar el lugar como un poblado, más allá de la lectura inicial de sus primeros excavadores.
La documentación de comienzos del siglo XX conserva datos que hoy pueden revisarse, aunque también presenta pérdidas importantes. En la tumba estudiada, el esqueleto ya no está disponible y solo permanece una parte de los conos de oro. Esa situación limita ciertos análisis y hace especialmente valiosos los registros antiguos y las piezas conservadas.
La revisión de 2024 compara los adornos por su técnica y su asociación con otros objetos, además de por el material precioso. Los conos conservados y la documentación de la tumba sitúan el ajuar de San Antón entre los conjuntos utilizados para investigar vínculos de larga distancia durante la Edad del Bronce.



