Paleolítico y Mesolítico
Latnija documenta la llegada de cazadores recolectores a Malta hace más de 8.500 años
Hogares, herramientas y restos de fauna adelantan en unos mil años la ocupación conocida de la isla. El estudio propone travesías de más de cien kilómetros en embarcaciones sin vela, anteriores a la agricultura.

En este artículo
Las primeras ocupaciones humanas conocidas de Malta se remontan ahora a comunidades cazadoras y recolectoras de hace más de 8.500 años. Una investigación publicada en Nature y presentada el 9 de abril de 2025 documenta en Latnija, al norte de la isla, herramientas de piedra, hogares y alimentos consumidos que preceden en aproximadamente un milenio a la llegada de la agricultura.
El trabajo está dirigido por Eleanor Scerri, del Instituto Max Planck de Geoantropología, junto con la Universidad de Malta. Reúne a veinticinco especialistas, entre ellos Ethel Allué y Aitor Burguet-Coca, del IPHES-CERCA y la Universitat Rovira i Virgili. Participan también Andrés Currás, del Max Planck, y Mario Mata González, de la Universidad de Malta.
Los resultados obligan a revisar cuándo y con qué medios se alcanzaron las islas alejadas del Mediterráneo. La presencia humana en Malta exigía una travesía marítima prolongada. Los investigadores plantean que pudo realizarse en canoas excavadas, sin vela, con ayuda de corrientes, vientos y referencias del entorno. La forma concreta de las embarcaciones no ha sido recuperada en el yacimiento.
Una ocupación anterior a los agricultores
Hasta ahora, la complejidad del viaje había favorecido la idea de que las islas más remotas no se habitaron hasta la expansión agrícola. Latnija aporta un registro anterior: hogares, utensilios y restos animales que muestran actividades repetidas en el lugar. Su análisis permite diferenciar una ocupación humana de una acumulación natural de materiales.
Entre los animales consumidos figuran ciervo rojo, tortugas, aves de gran tamaño, focas y peces como el mero. Algunas especies identificadas han desaparecido de la fauna insular. La presencia del ciervo resulta especialmente significativa, pues se consideraba extinguido en Malta para ese momento.
Se recuperaron asimismo miles de restos marinos, incluidos moluscos, erizos y cangrejos, varios con señales de cocción. El conjunto muestra un aprovechamiento diverso de recursos terrestres y costeros. Esas evidencias documentan alimentación y actividades del lugar, sin resolver por completo el impacto de las primeras comunidades sobre la fauna endémica.
El equipo considera Sicilia y otras zonas del sur de Italia como posibles puntos de partida. Los cálculos sitúan la duración del trayecto entre veinticuatro y treinta horas, por lo que una parte habría transcurrido de noche. La navegación pudo apoyarse en estrellas, corrientes y puntos costeros de referencia, pero el itinerario y las técnicas concretas siguen siendo reconstrucciones propuestas.
Una travesía de más de cien kilómetros en mar abierto plantea nuevas preguntas sobre las capacidades marítimas de las últimas sociedades cazadoras y recolectoras. Malta aporta un caso de llegada a una isla remota antes de la adopción de la agricultura, con el que investigar la movilidad mediterránea de esas comunidades.
El fuego como evidencia de actividad humana
El IPHES-CERCA y la URV han contribuido especialmente al estudio arqueobotánico y piroarqueológico. Los sedimentos quemados, las acumulaciones de ceniza y los hogares permiten reconocer el uso repetido del fuego en Latnija. Su buena conservación ha favorecido el análisis de prácticas que no serían visibles a partir de estructuras escasas o poco definidas.
Allué destaca que el fuego puede ser una prueba fundamental de presencia humana en contextos donde faltan edificios. Burguet-Coca señala que estudiar las alteraciones del sedimento permite avanzar más allá de reconocer una mancha quemada. La relación entre cenizas, combustible y entorno aporta información sobre cómo se utilizó el espacio.
El lentisco, Pistacia lentiscus, fue la planta más utilizada como combustible. Los autores relacionan esa selección, entre otras especies disponibles, con sus buenas propiedades de combustión y el conocimiento de los recursos vegetales.
También se identificó palmito, Chamaerops humilis, para el que se proponen usos como combustible auxiliar, cestería o construcción. Su presencia abre esas posibilidades de estudio, todavía sin identificar de forma concreta cada actividad.
Métodos para distinguir procesos naturales y humanos
La investigación combina el análisis de fitolitos y la espectroscopía infrarroja FTIR. Los primeros aportan información sobre plantas; la segunda permite detectar transformaciones minerales relacionadas con el calor. Juntos ayudan a reconocer sedimentos alterados por fuego y a diferenciarlos de procesos naturales que podrían producir apariencias semejantes.
La identificación de actividades humanas en su contexto arqueológico fundamenta la antigüedad de la ocupación. La piroarqueología y la arqueobotánica aportan esas evidencias a partir del registro de la cavidad, además de información sobre su ambiente.
El proyecto está financiado por el Consejo Europeo de Investigación y cuenta con apoyo de la Superintendencia del Patrimonio Cultural de Malta y de la Universidad de Malta. Participan diversos centros europeos. La unidad de Arqueobotánica del IPHES reúne experiencia en carbones, polen, semillas, fitolitos y compuestos orgánicos aplicada, entre otros asuntos, al estudio de combustibles prehistóricos.
Los hogares y los restos de alimento amplían el marco temporal del poblamiento maltés al documentar presencia y actividad humana. A partir de ese registro, los modelos de navegación examinan cómo pudo alcanzarse la isla y plantean preguntas sobre sus conexiones mediterráneas y la adaptación al medio insular.
Allué participa como especialista en arqueobotánica y profesora asociada de la URV; Burguet-Coca lo hace desde la piroarqueología, con una ayuda postdoctoral Beatriu de Pinós. Sus aportaciones distinguen la identificación de plantas y combustibles del estudio de los efectos del calor sobre los sedimentos. Esa cooperación ha permitido reconocer prácticas que no son visibles a simple vista y evaluar la intervención humana en un registro insular anterior a los asentamientos agrícolas.
Latnija y la prehistoria anterior a la agricultura en Malta
El yacimiento de Latnija, al norte de Malta, conserva evidencias de una etapa cazadora y recolectora anterior a las comunidades agrícolas conocidas de la isla. El estudio de 2025 sitúa hogares, herramientas y consumo de fauna en ese contexto temprano, modificando la cronología de su ocupación humana.
La condición insular es parte esencial de la interpretación. Llegar al lugar exigía atravesar el mar; una vez allí, sus habitantes aprovecharon recursos terrestres y costeros. Los restos animales y vegetales permiten examinar esa relación con el entorno sin conocer todavía todas las consecuencias de la presencia humana para las especies locales.
El registro de fuego es otra parte del patrimonio de Latnija. Sus sedimentos, cenizas y restos de combustible complementan la información de los utensilios y permiten reconocer actividades cotidianas a través de huellas pequeñas. Esas evidencias sostienen la nueva cronología y ofrecen una referencia para investigar la movilidad prehistórica en el Mediterráneo.



