Roma
Un perro de pequeño tamaño aporta nuevas pistas sobre los rituales de la Córdoba romana
El estudio de una pequeña perra enterrada en la necrópolis de Llanos del Pretorio, en Córdoba, documentó en 2020 la presencia de animales de compañía de apenas veinte centímetros en la Hispania romana. Sus huesos también aportaron indicios de una muerte violenta y de una procedencia ajena al entorno de la ciudad.

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La Universidad de Granada difundió el 23 de marzo una investigación sobre varios perros recuperados junto a cerca de setenta enterramientos humanos. El cementerio, situado fuera de la ciudad romana, pertenecía a la primera mitad del siglo I d. C. El trabajo combinó el estudio de los huesos y sus medidas, el examen de lesiones y el análisis de isótopos para investigar las relaciones entre personas y animales.
Rafael M. Martínez Sánchez, del Departamento de Prehistoria y Arqueología de la UGR, encabezó un equipo en el que participaron el Instituto Andaluz de Ciencias de la Tierra, en Granada, y el Instituto de Historia del CSIC, en Madrid. Los resultados aparecieron en Archaeological and Anthropological Sciences.
La investigación relacionó así los rasgos de este ejemplar singular con el conjunto de inhumaciones animales y con el cementerio donde apareció.
Una perra de apenas veinte centímetros
El conjunto permitió distinguir al menos dos formas corporales. Algunos perros tenían un tamaño mediano, comparable al de animales actuales de caza o carrera. Otro ejemplar, localizado en una fosa próxima a sepulturas infantiles, apenas superaba los veinte centímetros de altura. Sus patas eran proporcionalmente cortas, el hocico aplanado y el cráneo redondeado.
Las comparaciones con pequineses, carlinos o chihuahuas describen semejanzas anatómicas con perros pequeños actuales. La apariencia externa seguía siendo desconocida: los huesos no revelaban el color y la longitud del pelaje ni la forma de las orejas.
La presencia de huesos fetales asociados indicó que se trataba de una hembra gestante. El equipo presentó el caso como uno de los testimonios más antiguos de perros de dimensiones tan reducidas reconocidos entonces en el conjunto del Imperio romano.
Lesiones, procedencia y significado funerario
La anatomía también conservaba información sobre su vida y su muerte. Una antigua lesión afectaba a una cadera. Otras señales traumáticas apuntaban a una torsión mortal del cuello, interpretada por los investigadores como un sacrificio deliberado.
Los análisis de isótopos estables del colágeno óseo y del esmalte dental sugerían que el animal no era originario del entorno de Córdoba. Los autores plantearon incluso una procedencia lejana; el lugar concreto seguía sin identificar. La movilidad de este ejemplar abre una vía para investigar la circulación y valoración de animales de compañía.
Los testimonios clásicos proporcionan un marco complementario. Plinio el Viejo y Claudio Eliano mencionaron el aprecio urbano por los perros pequeños. También se conocen representaciones e inscripciones funerarias que expresan afecto por estos animales, en ocasiones con fórmulas comparables a las dedicadas a personas del entorno doméstico.
La singularidad del caso cordobés reside en reunir tamaño reducido, rasgos craneales, información biológica y contexto funerario. Su estudio permite examinar tanto la crianza de perros de compañía como su posible papel simbólico en los enterramientos. El afecto documentado por las fuentes antiguas y las señales de una muerte violenta aportan dos aspectos de la relación entre personas y animales.
Llanos del Pretorio y la arqueología funeraria cordobesa
La necrópolis de Llanos del Pretorio conserva una parte del paisaje funerario situado fuera de la Córdoba romana. Los enterramientos humanos y las fosas con animales permiten investigar qué se depositaba en esos espacios y cómo se relacionaban distintas prácticas, a partir de la posición y la identificación de los restos.
El cementerio estudiado pertenece a la primera mitad del siglo I d. C. Su cronología sitúa el caso dentro de la Hispania del inicio del Imperio. El pequeño animal apareció próximo a sepulturas infantiles; su dueño y la posible relación con un niño concreto seguían sin conocerse.
Este patrimonio amplía la información obtenida de monumentos e inscripciones. Las lesiones, las medidas del esqueleto y las señales químicas de los tejidos aportan datos sobre movilidad, crianza y posibles rituales, ligados a las fosas y enterramientos del cementerio.



