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Edad del Bronce

El ADN antiguo apunta a la llegada de caballos domésticos a Anatolia durante la Edad del Bronce

El ADN antiguo de caballos de Anatolia y el sur del Cáucaso permitió cuestionar en 2020 que estas regiones fueran un foco de domesticación. El cambio genético observado hace unos cuatro mil años apuntaba a la llegada de animales de otras áreas, probablemente de las estepas euroasiáticas, durante la Edad del Bronce.

· Fecha de la fuente: · Fuente: CSIC
En este artículo
  1. Dos linajes locales y una diversidad posterior mayor
  2. Conexiones con las estepas y un origen aún abierto
  3. Hattusha y el patrimonio de la Edad del Bronce anatolia
  4. Fuentes consultadas
  5. Fuentes del contexto patrimonial

El CSIC difundió el 16 de septiembre los resultados de una investigación publicada en Science Advances. El trabajo examinó 111 restos procedentes de catorce excavaciones y correspondientes a unos sesenta caballos.

Las muestras cubrían una secuencia prolongada, desde restos de alrededor de once mil años hasta otros que llegaban aproximadamente al año 1700 de nuestra era. La comparación temporal permitió observar qué linajes estaban presentes antes y después de la transformación detectada en la Edad del Bronce. Los materiales posteriores servían para seguir su trayectoria.

Silvia Guimaraes, primera autora e investigadora de la Institución Milá y Fontanals del CSIC cuando se anunció el estudio, había desarrollado el trabajo desde el Instituto Jacques Monod. Este centro reunía al CNRS y a la Universidad de París VII Denis Diderot. La investigación combinó el examen arqueológico de los restos con varias clases de marcadores genéticos.

Dos linajes locales y una diversidad posterior mayor

La clasificación de las formas de los huesos se contrastó con ADN mitocondrial, marcadores del cromosoma Y y variantes autosómicas relacionadas con el color del pelaje. Cada conjunto de datos contribuía a examinar la historia de los animales. La información mitocondrial permitió seguir los linajes transmitidos por vía materna y comparar su distribución a lo largo del tiempo.

En la parte antigua de la secuencia predominaban dos grupos, denominados P y X. Los investigadores los relacionaron con caballos salvajes de pelaje pardo que habían sido cazados en Anatolia. Esa composición se mantuvo durante un intervalo prolongado, hasta el cambio situado hace unos cuatro mil años.

Los restos posteriores mostraban una situación diferente: se reconocían hasta trece linajes maternos, frente al predominio anterior de aquellos dos. También aumentaba la diversidad de las variantes vinculadas al pelaje, con capas pardas, castañas, grises, negras y de patrón leopardo. Para los autores, esa transformación requería la llegada de caballos de otras zonas.

Interpretaron la aparición relativamente repentina de linajes externos como un cambio rápido, frente a una modificación lenta surgida exclusivamente de la población local. Guimaraes vinculó la entrada de caballos domésticos con el paso de la caza a su cría por las comunidades de la región.

Los haplogrupos designan ramas de parentesco genético transmitidas por vía materna. El equipo combinó esa ascendencia con marcadores del cromosoma Y y con variantes relacionadas con el aspecto de los animales para estudiar el proceso de domesticación.

Conexiones con las estepas y un origen aún abierto

El estudio propuso que P y X se habían desarrollado de manera independiente en Anatolia. Los autores señalaron las barreras geográficas como una posible explicación de su falta de expansión hacia territorios vecinos. En el conocimiento disponible entonces, esos grupos no se habían identificado en restos de otras partes de Eurasia ni en caballos actuales.

En cambio, los linajes reconocidos en las muestras posteriores sí tenían correspondencias con caballos de etapas posteriores y actuales del sureste europeo y de Kazajstán. La comparación apoyaba conexiones amplias, cuyos recorridos concretos seguían por reconstruir.

La entrada de linajes no locales coincidía, además, con testimonios iconográficos y escritos sobre caballos y equitación de finales del tercer milenio antes de Cristo. Esas fuentes aportaban un marco arqueológico e histórico complementario a los resultados genéticos.

El trabajo reducía el respaldo a una domesticación originada en Anatolia o el sur del Cáucaso, regiones que se habían relacionado con procesos de hace unos cinco mil quinientos años. La atención se desplazaba hacia territorios próximos al mar Negro y las estepas euroasiáticas. La comunicación de 2020 mantenía abierta la localización precisa del origen.

Los investigadores destacaron también el interés de conocer la diversidad genética de los caballos. Además de ayudar a reconstruir las relaciones entre personas y animales, esa información podía contribuir a orientar pruebas genéticas relacionadas con su rendimiento y sus enfermedades.

Hattusha y el patrimonio de la Edad del Bronce anatolia

Hattusha, en el distrito de Boğazkale de la provincia turca de Çorum, conserva un conjunto monumental de la Edad del Bronce anatolia. Fue capital del reino hitita y ejerció una influencia considerable durante el segundo milenio a. C. Sus restos permiten situar las sociedades de esta región en un paisaje de ciudades, fortificaciones y santuarios.

El recinto incluye templos, residencias y murallas, con puertas monumentales como la de los Leones y la del Rey. El santuario rupestre de Yazılıkaya conserva relieves de divinidades y figuras reales. Las construcciones, junto con los textos, documentan la organización política y religiosa de las sociedades hititas durante el segundo milenio, en un periodo posterior al inicio del cambio genético descrito en la noticia. Ese contexto sitúa el estudio de los animales dentro de la historia regional de Anatolia y amplía el panorama de las relaciones entre personas y caballos en la Edad del Bronce.

Fuentes consultadas

Fuentes del contexto patrimonial

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