Investigación arqueológica
El telar de Cabezo Redondo permite reconstruir la producción textil de la Edad del Bronce
El estudio reúne 49 pesas, madera carbonizada y cuerdas de esparto conservadas tras un incendio de hace unos 3.500 años.

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El análisis de un telar vertical de Cabezo Redondo, en Villena, aporta información sobre las técnicas de tejido y la organización de la producción durante la Edad del Bronce. El Ayuntamiento difundió el 18 de marzo de 2026 el estudio de un equipo dirigido por la Universidad de Alicante, publicado en Antiquity, sobre un conjunto de unos 3.500 años de antigüedad.
El hallazgo conserva 49 pesas, elementos de madera carbonizada de la estructura y fibras de esparto utilizadas como cuerdas. Todos aparecieron en una plataforma elevada, dentro de un espacio de circulación del poblado, que quedó sellado por un incendio hacia 1500 a. C., según la comunicación municipal. El fuego y el sellado permitieron que sobrevivieran materiales orgánicos que normalmente se degradan.
Los telares de este tipo se conocen con frecuencia por indicios indirectos, especialmente por sus pesas. La presencia conjunta de madera y fibras ofrece una oportunidad poco habitual para examinar su construcción. La disposición de las piezas y de los elementos asociados ha permitido a los investigadores reconstruir la configuración del telar y estudiar los tejidos que podían producirse.
La investigación relaciona así los componentes con el espacio en que se utilizó la instalación. Las pesas, los restos del armazón y las cuerdas aparecen como partes de un mismo equipo conservado después del incendio. Esa asociación permite comparar la reconstrucción del telar con la disposición reconocida durante la excavación y abordar su funcionamiento dentro de un asentamiento con viviendas y áreas de actividad artesanal.
Pesas ligeras y tejidos finos
El trabajo diferencia las pesas por tamaño y peso. La mayoría son ligeras, lo que sugiere la elaboración de tejidos finos, posiblemente más delicados que los reconocidos en fases anteriores. Los autores relacionan esa posibilidad con una introducción progresiva de la lana que habría ido sustituyendo al lino. La propuesta se apoya en las características del equipo conservado y constituye una línea de interpretación sobre los cambios tecnológicos.
Entre los autores figura Ricardo Basso, premiado en 2025 por la Fundación José María Soler por su investigación arqueológica. El conjunto permite abordar cuestiones que trascienden la forma del telar: sistemas productivos, relaciones sociales y papel del asentamiento dentro de las redes de la Edad del Bronce.
Laura Hernández, directora del Museo de Villena y codirectora de las excavaciones, destacó la relevancia de Cabezo Redondo para el conocimiento del sureste peninsular. Las intervenciones desarrolladas desde mediados del siglo XX han documentado viviendas, áreas de actividad y una producción artesanal intensa. En ese marco, el estudio del telar añade pruebas concretas sobre un trabajo cotidiano cuyas instalaciones completas rara vez llegan hasta el presente.
Un poblado con producción artesanal
Para Hernández, el hallazgo refuerza el papel del yacimiento en la investigación de la innovación tecnológica y de la producción textil. La conservación de sus componentes abre nuevas preguntas sobre la evolución del tejido y su importancia dentro de las sociedades prehistóricas, al relacionar los objetos con el espacio donde fueron utilizados.
La concejala de Cultura, María Server, vinculó la investigación con la relevancia de Villena como lugar de contacto y con el patrimonio reunido en torno al MUVI, el Castillo de la Atalaya y otros enclaves históricos. El nuevo análisis incorpora al relato del poblado una instalación productiva cuya estructura y materiales pueden estudiarse de forma conjunta.
Oro y artesanía en el mismo asentamiento
La Universidad de Alicante documenta otra dimensión de la producción de Cabezo Redondo en su tesorillo. José María Soler recuperó en abril de 1963, entre tierras procedentes de una cantera de la ladera sudoriental, 35 piezas de oro que sumaban algo más de 147 gramos. Las circunstancias de recuperación dejan abierta la posibilidad de que el conjunto original fuera mayor.
Los objetos incluyen adornos personales, como una diadema, brazaletes, espirales, anillos y colgantes, junto con fragmentos y un pequeño lingote. Esos elementos incompletos permiten plantear la existencia de orfebres que reparaban, refundían o reutilizaban el metal. La interpretación no determina por sí sola qué grado de complejidad alcanzaban sus técnicas.
El hallazgo de otras piezas de oro en espacios domésticos y funerarios sostiene su relación con la ocupación del poblado. El tesorillo y el telar ofrecen registros materiales distintos de actividades artesanales: uno informa sobre el trabajo de una materia valiosa; el otro conserva una instalación destinada a la producción textil.



