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Neolítico

Los isótopos de azufre revelan desplazamientos entre la costa cantábrica y la Meseta en la prehistoria reciente

El estudio analiza 74 personas y 68 animales de diecisiete yacimientos, fechados entre 3800 y 800 a. C. Su mapa isotópico identifica movimientos en ambos sentidos durante los últimos años de vida de varios individuos.

· Fecha de la fuente: · Fuente: Universidad de Cantabria
Acantilados de Toñanes, Cantabria
Acantilados de Toñanes, Cantabria. Fotografía de contexto costero actual; no muestra uno de los enterramientos analizados. Palacion. CC BY-SA 3.0. Fotografía optimizada sin recorte.
En este artículo
  1. La señal que conservan los huesos
  2. Una base para ampliar el mapa
  3. Los conjuntos sepulcrales de Cantabria y Burgos
  4. Fuentes consultadas

Una investigación del grupo EvoAdapta de la Universidad de Cantabria ha identificado movilidad entre el litoral cantábrico y el interior de la Meseta desde el final del Neolítico hasta el Bronce Final. Los resultados, publicados en PLOS ONE y presentados por la universidad el 29 de agosto de 2025, se basan en el análisis de isótopos de azufre conservados en huesos humanos y animales.

El equipo estudió 74 personas y 68 animales de diecisiete yacimientos sepulcrales, con cronologías entre 3800 y 800 a. C. Entre los enclaves costeros figuran La Fragua y El Mirón, en Cantabria. En el interior se incluyen Kaite, El Hornazo y Palomera, en Burgos.

La universidad presenta el trabajo como el primer estudio amplio de este indicador en restos humanos y animales de la prehistoria reciente ibérica. El conjunto de datos ha permitido elaborar un mapa de valores isotópicos de azufre, una referencia para comparar las señales de distintos paisajes y rastrear desplazamientos de comunidades agrícolas y ganaderas.

La señal que conservan los huesos

La composición isotópica del azufre medido en el colágeno óseo relaciona los alimentos consumidos con las características geológicas del entorno. En el área estudiada, los valores de las poblaciones próximas al mar son más altos que los de quienes vivían lejos de la costa.

La señal del hueso refleja aproximadamente los últimos cinco años de vida. Por tanto, el estudio compara el lugar de enterramiento con el entorno donde los individuos residieron o se alimentaron durante ese intervalo. Los resultados permiten reconocer cambios de residencia, aunque no reconstruyen todos los viajes ni el punto exacto de nacimiento de cada persona.

Seis individuos enterrados en cuevas de la costa mostraban valores característicos de la Meseta. A su vez, dos personas inhumadas en el interior presentaban señales propias del litoral. El equipo interpreta esa distribución como evidencia de desplazamientos en ambos sentidos, frente a una movilidad exclusivamente desde la costa hacia el interior o a la inversa.

Borja González Rabanal, autor principal, investigador asociado a EvoAdapta y contratado en la Universidad de Valladolid, destaca que los contactos ya se habían propuesto mediante cerámicas y herramientas. Los nuevos análisis aportan información directamente vinculada a personas concretas, complementaria a la circulación de objetos.

Una base para ampliar el mapa

Ana B. Marín-Arroyo, directora de EvoAdapta y autora sénior, señala que la metodología desarrollada en Cantabria permite contrastar hipótesis de movilidad para este periodo. La modelización de los valores proporciona una referencia espacial con la que interpretar la procedencia reciente de los individuos.

En el trabajo participan colaboradores de las universidades de Valladolid, Burgos y Oviedo, de la Junta de Castilla y León, la Fundación Gómez Pardo, la Institución Fernán González y el Instituto Internacional de Investigaciones Prehistóricas de Cantabria. Se suman investigadores de Central Lancashire, New Mexico y University College London.

El equipo propone ampliar el mapa a más regiones y periodos peninsulares y contrastarlo con otras poblaciones, entre ellas grupos cazadores y recolectores paleolíticos. Esa aplicación es un objetivo futuro, a partir de los resultados actuales del Neolítico final y la Edad del Bronce.

Los conjuntos sepulcrales de Cantabria y Burgos

La Fragua y El Mirón, en Cantabria, y Kaite, El Hornazo y Palomera, en Burgos, proporcionan algunos de los restos humanos y animales analizados. Su distribución entre costa e interior permite comparar señales isotópicas de paisajes diferentes dentro de la prehistoria reciente del norte peninsular.

El colágeno conserva un registro de alimentación y entorno durante parte de la vida, que se interpreta junto con la cronología y el lugar de enterramiento. Aporta así información de las personas complementaria a la de herramientas y cerámicas, cuya circulación podía producirse sin cambios de residencia de todos sus usuarios.

Las cuevas y los demás depósitos sepulcrales estudiados abarcan entre 3800 y 800 a. C., con comunidades y momentos diferentes. El mapa de azufre permite compararlos al relacionar cada muestra con su contexto temporal y arqueológico.

Fuentes consultadas

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