Edad del Bronce
Must Farm publica el estudio de una aldea de la Edad del Bronce destruida por un incendio
Dos monografías reúnen los resultados de la excavación y el análisis de Must Farm, en Inglaterra. La conservación de viviendas, herramientas y tejidos permite reconstruir actividades domésticas de una comunidad de la Edad del Bronce asentada sobre el agua.

En este artículo
La Universidad de Cambridge ha publicado dos volúmenes dedicados a Must Farm, un asentamiento de la Edad del Bronce que ardió hace casi tres mil años. Las monografías reúnen el trabajo de campo de 2015 y 2016 y años de investigación sobre miles de objetos. Su aparición en marzo de 2024 permite conocer de forma conjunta un registro excepcional de la vida cotidiana.
El yacimiento se encontraba junto a Whittlesey, cerca de Peterborough. La Cambridge Archaeological Unit lo excavó en un proyecto financiado por Historic England y la empresa Forterra. Los informes forman parte de la colección del McDonald Institute for Archaeological Research, que ha financiado su publicación y los ofrece en acceso abierto.
Viviendas conservadas al caer al agua
La excavación documentó restos de cinco estructuras, pasarelas y una cerca. El asentamiento original pudo tener aproximadamente el doble de tamaño, ya que una cantera del siglo XX había eliminado parte de él. Los investigadores estiman que pudo alojar hasta unas sesenta personas organizadas en unidades domésticas.
Las viviendas se levantaban sobre un cauce poco profundo, de circulación lenta y abundante vegetación. Cuando el incendio hizo caer los restos, ese medio amortiguó y conservó los materiales carbonizados. La distribución resultante permite comparar el registro depositado con los espacios que existían encima del agua.
En una de las casas circulares, de casi cincuenta metros cuadrados, se distinguen áreas de actividad. Al nordeste aparecieron recipientes de madera y cerámica, desde pequeñas tazas hasta grandes contenedores, compatibles con una zona de cocina. El lado oriental reunía herramientas metálicas; el espacio noroccidental, con menos objetos, pudo destinarse al descanso. Fragmentos textiles, bobinas y pesas de telar se concentraban al sureste.
Algunos de los corderos mantenidos en el sector suroccidental de la vivienda quedaron atrapados en el fuego. No se encontraron pruebas de que murieran personas y la causa del incendio sigue sin resolverse, aunque se ha planteado un accidente capaz de propagarse rápidamente entre edificios próximos.
Herramientas, alimentos y conexiones lejanas
Los inventarios domésticos muestran semejanzas entre casas. Incluyen hoces, hachas, gubias para trabajar la madera y navajas de mano. Muchas viviendas contenían útiles de producción textil y tejidos de lino particularmente finos para este periodo. Las cubiertas combinaban paja aislante, césped y arcilla, una solución que favorecía la protección frente al agua y el mantenimiento de la temperatura.
Los restos alimentarios y otros objetos indican un aprovechamiento variado del entorno: ciervos y jabalíes cazados en bosques próximos, ovejas, trigo, lino y madera de construcción. El análisis recoge preparaciones de venado con miel. Las vías de agua facilitarían el transporte de materiales; aguas arriba aparecieron nueve embarcaciones monóxilas de distintas fechas, algunas contemporáneas del asentamiento.
Alrededor de las casas se acumularon cerámicas rotas, huesos de animales y coprolitos. Algunos restos fecales humanos contenían huevos de parásitos intestinales. Los pequeños cráneos de perros y sus coprolitos indican convivencia y alimentación con sobras humanas, aunque sus funciones concretas, como compañía o ayuda en la caza, siguen siendo interpretaciones.
También se documentaron armas, entre ellas lanzas de hasta 3,4 metros, y un cráneo humano alisado por el contacto. El equipo considera que las lanzas y espadas podían intervenir tanto en la caza como en conflictos. Un collar y otras cuentas de vidrio, ámbar y piedra, con conexiones tan lejanas como Dinamarca e Irán, muestran que la comunidad participaba en redes de intercambio. La posición del poblado puede relacionarse tanto con su defensa como con el acceso a recursos.
Entorno, animales y transporte
El entorno de aprovisionamiento se extendía probablemente en un radio de unos tres kilómetros por los bosques cercanos. Los restos de jabalíes, ciervos, ovejas, madera, trigo y lino documentan los recursos obtenidos allí y trasladados por las vías de agua hasta el asentamiento.
Los cráneos y excrementos de perro apuntan a animales domésticos alimentados con sobras y posiblemente empleados en la caza. El equipo también interpreta parte del armamento como útil para cazar, además de para el conflicto, y relaciona el emplazamiento tanto con la defensa como con la proximidad de recursos.
Financiada por Forterra e Historic England, la excavación permitió documentar la distribución doméstica con la que los volúmenes relacionan los objetos.
La conservación de una aldea sobre el agua
Must Farm debe su capacidad informativa a una combinación poco frecuente: destrucción rápida, caída de los edificios y conservación en un entorno húmedo. Ese proceso ha mantenido materiales orgánicos que suelen desaparecer en otros asentamientos, como textiles y objetos de madera. La información resultante permite relacionarlos con recipientes, herramientas metálicas y restos alimentarios.
Estas condiciones excepcionales influyen en la comparación con otros yacimientos del mismo periodo. La pérdida de objetos orgánicos, herramientas y restos de alimentos en ambientes distintos puede ocultar actividades domésticas que en Must Farm sí han quedado documentadas.
Las monografías en acceso abierto reúnen la documentación de los edificios con el análisis de sus objetos. Esa relación permite examinar la distribución de las áreas de cocina, descanso, trabajo textil y alojamiento de animales dentro de las viviendas.



