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Neolítico

La Draga documenta una agricultura neolítica adaptada a terrenos fértiles y con abonado moderado

Un análisis de restos vegetales de diecisiete yacimientos reconstruye las prácticas de los primeros agricultores del Mediterráneo occidental. Los resultados apuntan a conocimientos consolidados de cultivo y a condiciones de agua favorables, con La Draga como principal referencia.

· Fecha de la fuente: · Fuente: Universitat Autònoma de Barcelona
Cabaña reconstruida mediante arqueología experimental en La Draga, Banyoles
Cabaña reconstruida mediante arqueología experimental en La Draga, Banyoles. Fotografía del parque arqueológico; no es una vivienda neolítica conservada íntegra ni muestra los cultivos analizados. Patian. CC BY-SA 4.0; Wikimedia Commons. Fotografía optimizada sin recorte.
En este artículo
  1. Semillas, madera y condiciones de cultivo
  2. Una selección de especies estable
  3. Animales y abonado
  4. Más agua que en el entorno actual
  5. La expansión de plantas y conocimientos agrícolas
  6. Qué permiten reconocer los indicadores
  7. El poblado neolítico de la orilla de Banyoles
  8. Fuentes consultadas

Una investigación publicada en PNAS, con participación del equipo que estudia La Draga, identifica una agricultura ya desarrollada cuando llegó a la península Ibérica hace unos siete mil años. Los resultados apuntan a conocimientos de cultivo consolidados entre las primeras comunidades del Mediterráneo occidental.

El estudio combina muestras del poblado de Banyoles, en Girona, con cereales de otros dieciséis yacimientos de la península y el sur de Francia. Sus resultados apuntan a la elección de terrenos fértiles, variedades comparables a las tradicionales y una aportación moderada de materia orgánica animal.

Josep Lluís Araus, catedrático de la Universidad de Barcelona y miembro de Agrotecnio, encabeza el trabajo. Participan Raquel Piqué, Mireia Gascón, Eva Ros-Sabé y Antoni Palomo, del Departamento de Prehistoria de la UAB, integrantes del equipo de La Draga. La universidad comunica los resultados el 30 de julio de 2024.

Semillas, madera y condiciones de cultivo

La Draga se sitúa en la orilla oriental del lago de Banyoles y estuvo ocupada aproximadamente entre 5200 y 4800 antes de Cristo. Su conservación permite estudiar uno de los conjuntos más significativos de las primeras comunidades agricultoras y ganaderas del noreste peninsular.

El equipo utiliza técnicas arqueobotánicas y de reconstrucción ambiental para relacionar semillas, frutos y madera con las condiciones del cultivo. Entre los restos más frecuentes figuran los granos carbonizados. Su forma y composición isotópica aportan información diferente y complementaria sobre los vegetales y los ambientes en los que crecieron.

Ferran Antolín, del Instituto Arqueológico Alemán, destaca el valor de estos análisis para interpretar prácticas agrícolas que no dejaron registros escritos. Los isótopos son variantes de un elemento químico cuya proporción en los restos puede relacionarse con procesos de crecimiento, disponibilidad de agua y aportes al suelo.

Una selección de especies estable

El trigo duro y la adormidera fueron cultivos principales en La Draga, frente a las pequeñas cantidades de cebada y la presencia puntual de escaña menor, trigo farro y Triticum timopheevii. Este último es un trigo, distinto del maíz americano, ausente de esta agricultura neolítica.

Las proporciones entre cereales cambian poco durante las fases de ocupación y apuntan a una selección mantenida en el tiempo. Los cultivos se parecen a variedades tradicionales utilizadas durante milenios posteriores.

Araus interpreta las buenas condiciones agronómicas como indicio de una elección deliberada de los terrenos adecuados. El estudio propone que técnicas y materiales de cultivo evolucionaron durante su expansión desde el Creciente Fértil, donde la agricultura había surgido unos doce mil años antes del presente.

Animales y abonado

Juan Pedro Ferrio, investigador del CSIC en la Estación Experimental de Aula Dei, relaciona la señal isotópica de nitrógeno de los cereales con una aportación moderada de abono orgánico. Otras evidencias indican que los animales pudieron pastar en los mismos campos y proporcionar así materia orgánica.

La propuesta de pastoreo relaciona las señales de los cultivos y los animales con un posible aporte moderado de materia orgánica al suelo. El estudio examina esa práctica junto a las condiciones ambientales de los campos.

Más agua que en el entorno actual

Los análisis de madera carbonizada y semillas indican una disponibilidad de agua mayor que la actual. Piqué relaciona estos resultados con estudios previos de la vegetación: el entorno incluía robledales y bosques de ribera con abundancia de laureles, asociados a condiciones más húmedas.

La reconstrucción ambiental ayuda a interpretar por qué los terrenos resultaban favorables para cultivar. Araus propone que condiciones semejantes pudieron darse en otros lugares del Mediterráneo occidental, una posibilidad que necesita evaluarse en cada registro regional.

Desde esa perspectiva, la adopción de la agricultura pudo buscar un aumento y una mayor estabilidad de los recursos respecto a la caza y recolección. El equipo no la explica necesariamente como respuesta forzada a un deterioro climático.

La expansión de plantas y conocimientos agrícolas

Jordi Voltas, de la Universidad de Lleida y de la unidad CTFC-Agrotecnio, sitúa los resultados dentro de los modelos de expansión rápida de la agricultura. Las primeras plantas domesticadas aparecen casi simultáneamente en diferentes regiones ibéricas, según el registro arqueobotánico acumulado.

El trabajo respalda modelos que conceden un papel importante a los desplazamientos de población, conocidos como difusión démica. La presencia de cultivos y técnicas desarrollados al llegar al occidente europeo encaja con esa transmisión.

También intervienen especialistas de Lleida, CTFC-Agrotecnio, CSIC, Valencia, Basilea, el Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria de Aragón y el Instituto Arqueológico Alemán. Las excavaciones de La Draga se coordinan desde el Museo Arqueológico de Banyoles, dentro de los proyectos de la Generalitat y con apoyo de la Fundación Palarq.

Gran parte de los materiales agrícolas iniciales desapareció, por lo que su registro sigue siendo limitado. En La Draga, las campañas sucesivas y la combinación de arqueobotánica, ecofisiología de cultivos e isótopos amplían la documentación de plantas y condiciones de cultivo.

Qué permiten reconocer los indicadores

La comparación reúne evidencias de origen distinto. La forma de los granos ayuda a caracterizar las plantas cultivadas, mientras las señales isotópicas añaden información sobre condiciones ambientales y aportes al suelo. El estudio utiliza ambos tipos de datos para evaluar las prácticas agrícolas.

La señal de nitrógeno de las semillas se contrasta con las evidencias de animales y uso de los campos para investigar el abonado. Los investigadores proponen que el pastoreo pudo aportar la materia orgánica moderada reconocida en los cultivos.

La disponibilidad de agua se examina también mediante señales presentes en la madera. Su coincidencia con los cereales y con la vegetación previamente identificada refuerza la interpretación de un entorno húmedo. Los laureles y robledales descritos por Piqué corresponden a las condiciones estudiadas en el registro antiguo.

La estabilidad de variedades y proporciones entre fases documenta la selección de cultivos dentro del poblado. A escala regional, la expansión de esas plantas permite investigar la transmisión de conocimientos y los desplazamientos de población con los que se relaciona la consolidación agrícola.

Los arqueobotánicos de la UAB, del Instituto Arqueológico Alemán y de Basilea recolectaron e identificaron las muestras que sustentan la reconstrucción. Esa documentación permite relacionar los resultados analíticos con especies y contextos arqueológicos concretos.

El poblado neolítico de la orilla de Banyoles

La Draga conserva restos de una comunidad agricultora y ganadera asentada en la orilla oriental del lago de Banyoles durante el VI milenio antes de Cristo. Su registro arqueológico permite investigar no solo las especies consumidas, sino también materiales y técnicas que suelen perderse en otros ambientes.

Las semillas y la madera aportan una dimensión ambiental a ese patrimonio. Su análisis relaciona la ocupación del poblado con la disponibilidad de agua, la vegetación próxima y los terrenos utilizados para cultivar. Las fechas de 5200–4800 antes de Cristo delimitan el contexto del yacimiento, mientras los otros dieciséis lugares examinados amplían la comparación regional.

La coordinación del Museo Arqueológico de Banyoles y las campañas continuadas relacionan los restos con sus contextos de excavación. En el estudio de 2024, los granos carbonizados aportan información sobre los cultivos junto a su procedencia, sus fechas y su asociación con otros materiales del asentamiento.

Fuentes consultadas

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