Neolítico
El ADN antiguo documenta infecciones repetidas de peste entre agricultores neolíticos escandinavos
Un estudio de 108 personas identifica ADN de la bacteria de la peste en dieciocho de ellas. El equipo plantea que la enfermedad pudo contribuir al descenso de población del final del Neolítico; su alcance regional y su peso respecto a otras causas siguen por investigar.

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La peste estaba presente en Escandinavia varios milenios antes de las grandes epidemias medievales. Una investigación de las universidades de Copenhague y Gotemburgo, publicada en Nature, ha encontrado señales de infección en huesos y dientes de agricultores que vivieron hace unos cinco mil años. El análisis añade nuevas pruebas al debate sobre la reducción de población que afectó entonces a regiones de Escandinavia y del noroeste europeo.
El equipo del Globe Institute ha estudiado 108 individuos. En dieciocho, equivalentes al 17 % de la muestra, se identificó ADN de la bacteria de la peste. Frederik Seersholm, responsable del análisis genético, considera que la variante más reciente reconocida en el estudio pudo tener capacidad epidémica. La frecuencia observada indica que la infección era relativamente común entre los individuos estudiados, con la mortalidad en la población de la época todavía por determinar.
Una enfermedad dentro de una historia familiar
Los restos proceden principalmente de tumbas de corredor de Suecia. Uno de los individuos fue enterrado en una cista de piedra de Stevns, en Dinamarca. El equipo utilizó secuenciación profunda de tipo shotgun, que permite recuperar información detallada incluso cuando el ADN arqueológico está dañado o degradado. Se examinaron tanto los datos humanos como los de microorganismos conservados en las muestras.
En una de las familias reconstruidas, de seis generaciones, el equipo reconoce al menos tres episodios de infección por peste. La combinación de parentesco y datos de enfermedad permite seguir su recurrencia dentro de este grupo, más allá de una señal aislada en un enterramiento.
Martin Sikora, del Globe Institute, explica que los análisis permiten observar la ascendencia a diferentes escalas, desde relaciones amplias entre poblaciones hasta individuos y familias. También ofrecen una descripción de linajes de la bacteria y de otros microbios identificados en los datos. Esa información ayuda a situar las infecciones dentro de la organización social reconstruida mediante el ADN.
Karl-Göran Sjögren, de la Universidad de Gotemburgo, relaciona el estudio con una cuestión discutida durante unos dos siglos: qué parentesco mantenían las personas depositadas en tumbas megalíticas. La genética proporciona pruebas para contrastar asociaciones que antes dependían en gran medida de interpretaciones de los enterramientos.
Una contribución posible al descenso demográfico
El final del Neolítico conoció una reducción de población en extensas zonas europeas a lo largo de varios siglos. Entre las explicaciones propuestas figuran los conflictos y las enfermedades infecciosas. Algunos planteamientos habían descartado que las variantes tempranas de la peste pudieran causar epidemias; los nuevos resultados permiten revisar esa exclusión.
Según el equipo, la presencia reiterada de la bacteria y la capacidad potencial de una variante hacen plausible que la enfermedad contribuyera al descenso demográfico. Su papel exacto y la intervención de otros factores siguen en investigación. Estos resultados tampoco permiten trasladar sin más al Neolítico la forma de transmisión o las consecuencias de la peste negra del siglo XIV.
La reconstrucción de seis generaciones y el análisis de patógenos en los mismos individuos permiten investigar conjuntamente parentesco, contactos y enfermedad. Estos datos amplían en julio de 2024 las pruebas de un debate arqueológico e histórico cuyo alcance regional y consecuencias demográficas requieren contraste con otros conjuntos.
Las tumbas megalíticas como archivos de comunidades
Las sepulturas colectivas reúnen restos depositados en momentos diferentes, a partir de los cuales pueden estudiarse varias generaciones de una comunidad. Para situarlas se reconstruyen las relaciones cronológicas y biológicas entre los individuos.
En el estudio escandinavo de 2024, las tumbas de corredor y una cista dan acceso a preguntas que van más allá de la arquitectura funeraria. Los huesos y dientes permiten examinar ascendencia, parentesco y señales de microorganismos. El lugar de cada muestra y la historia del depósito sitúan esos resultados dentro de los contextos funerarios.
El registro de dieciocho infecciones en 108 individuos procede de estas tumbas estudiadas, con límites ligados a la conservación y al tamaño de la muestra. La reconstrucción familiar sitúa episodios de enfermedad a lo largo de seis generaciones y permite seguir su recurrencia dentro de la comunidad documentada.



