Investigación arqueológica
Cerámicas y ADN amplían el estudio de los depósitos de la cueva de La Cerrosa-Lagaña
Los análisis de la cavidad de Peñamellera Baja investigan restos humanos, animales, armas y recipientes de distintas épocas. Los residuos de las cerámicas y las primeras pruebas genéticas aportan nuevos datos, mientras el significado de las deposiciones sigue abierto.

En este artículo
- Dos fases de la Edad del Hierro
- Armas y piezas todavía incompletas
- ADN para contar personas y estudiar relaciones
- Residuos en cerámicas y restos de animales
- Una excavación condicionada por la pendiente
- Las aportaciones de cada análisis
- Depósitos subterráneos y cronología en el Cantábrico
- Fuentes consultadas
En la cueva de La Cerrosa-Lagaña, en Suarías, Peñamellera Baja, Susana de Luis dirige una investigación que relaciona piezas, restos biológicos y cronologías mediante antropología física, radiocarbono y ADN antiguo. La arqueóloga explica sus avances a La Voz de Asturias.
La identificación arqueológica estima al menos once personas, cuatro de ellas de la Edad del Hierro. El número deberá contrastarse mediante análisis genéticos, porque la fragmentación y la mezcla de restos pueden dificultar la distinción entre individuos. La oportunidad de estudiar huesos humanos es especialmente valiosa en un periodo en el que muchas necrópolis peninsulares utilizaron la cremación.
Dos fases de la Edad del Hierro
Las fechas por radiocarbono indican que se depositaron cuerpos desde el Neolítico hasta la época tardorromana. Dentro de esa larga secuencia destacan dos fases de la Edad del Hierro.
La primera, entre 750 y 450 antes de Cristo, contiene abundantes restos de animales, recipientes cerámicos y varios cuerpos humanos. El equipo propone interpretar el conjunto como una práctica ritual, con alimentos u otras ofrendas y posibles lámparas. Se desconoce si las personas murieron por causas naturales o fueron víctimas de un sacrificio.
En una fase tardía del siglo I antes de Cristo se depositó una panoplia, un conjunto de armas. Su cronología coincide, según los investigadores, con el periodo de las guerras cántabras. Un hueso largo humano próximo plantea la posibilidad de una deposición asociada, pero esa relación todavía necesita comprobarse.
El equipo contempla un depósito ritual, un enterramiento con ajuar o un sacrificio como explicaciones alternativas. El propietario de las armas y su posible vinculación con una batalla determinada permanecen desconocidos.
Armas y piezas todavía incompletas
El conjunto incluye cuatro puntas de lanza, un cuchillo y una fíbula omega, elemento de sujeción del vestido. Destacan la vaina de un puñal de filos curvos y placas de un cinturón articulado. La combinación tiene interés para estudiar conexiones entre armamento indígena y romano.
De Luis precisa que todavía no se ha encontrado la hoja del puñal y que podrían aparecer más placas del cinturón. La vaina y las placas recuperadas permiten estudiar el conjunto mientras continúa la búsqueda de las piezas que faltan.
Las armas y los recipientes permiten investigar la vida de estas poblaciones y sus usos dentro de la cueva. Las asociaciones, las fechas y la tipología de cada objeto ayudan a estudiar su posible función en las deposiciones, que puede diferir de su utilización cotidiana.
ADN para contar personas y estudiar relaciones
Íñigo Olalde, de la Universidad del País Vasco, explica que la secuenciación busca obtener información del genoma completo. Los resultados preliminares señalan mujeres entre los individuos analizados. El equipo debe confirmar el sexo de todos los restos y precisar cuántas personas representan.
El banco de ADN permitirá examinar parentescos, ascendencia y afinidades con poblaciones ya estudiadas. Esos datos pueden contribuir a investigar relaciones entre asentamientos y cambios demográficos. Los análisis antropológicos y de isótopos abren asimismo preguntas sobre dieta, movilidad, destete y enfermedades.
La cremación limita el ADN recuperable en muchas necrópolis de la Edad del Hierro. La Cerrosa ofrece restos conservados para estudiar a las personas depositadas en esta cavidad y compararlas con otras poblaciones de la cornisa cantábrica.
Residuos en cerámicas y restos de animales
Susana de Luis, Alicia Hernández Tórtoles, del CSIC, y Adrià Breu, de la UAB, estudian recipientes muy bien conservados. El equipo destaca la posibilidad de analizar contenidos sin los problemas de contaminación que afectan a otros depósitos comparables de cuevas atlánticas.
Los residuos de un recipiente indican grasas de rumiantes compatibles con ovejas, cabras o vacas, que podrían corresponder a alimentos preparados. También se identifica brea de abedul, cuya función pudo ser impermeabilizar el vaso o aportar combustible si se transformó en lámpara.
La fauna incluye animales de distintas especies. Los análisis genéticos preliminares de caballos de la segunda fase indican la presencia de yeguas. Las marcas de corte muestran despiece y trabajo sobre las pieles; el equipo plantea su posible relación con ofrendas.
De Luis señala que los cuerpos fueron colocados en la cavidad, en vez de arrojados desde la entrada; dos individuos aparecieron juntos. Su posición aporta información sobre el tratamiento de los restos.
Una excavación condicionada por la pendiente
La pendiente favorece el desplazamiento de materiales hacia abajo, que puede alterar las asociaciones originales entre objetos. Ese movimiento complica la estratigrafía y la reconstrucción de sus fechas y relaciones.
El equipo mantiene abiertas futuras intervenciones para completar conjuntos y análisis. De Luis destaca el apoyo de la asociación El Cantu la Jorma en trámites y ayudas, y del grupo de espeleología Gorfolí en la seguridad del acceso y del trabajo.
Los resultados comunicados en noviembre de 2024 amplían el conocimiento de las fases y de los materiales de la cueva. Dataciones, ADN, residuos y posición de los hallazgos reúnen información para investigar las deposiciones y las posibles prácticas rituales.
Las aportaciones de cada análisis
El equipo combina métodos que examinan aspectos distintos: el radiocarbono sitúa restos en el tiempo; la antropología estudia los huesos; el ADN distingue personas y parentescos, y los residuos cerámicos aportan información sobre el contenido de los recipientes.
La pendiente y las reutilizaciones de la cavidad durante milenios pueden alterar la posición de los materiales. Para reconstruir las deposiciones, las fechas de las piezas se relacionan con sus contextos y con los movimientos que pudo sufrir el conjunto.
La conservación de personas de la Edad del Hierro abre comparaciones genéticas con otras poblaciones. Los parentescos y las afinidades podrán relacionarse con la procedencia y las circunstancias funerarias que se investigan mediante los datos arqueológicos.
Las grasas y la brea conservadas en los recipientes se investigan como posibles restos de comida, impermeabilizante o combustible, según su posición y conservación. Una de las hipótesis del equipo es que el vaso se transformara en lámpara ritual.
La investigación continuará con el recuento de personas y la búsqueda de las piezas que faltan del armamento. Siguen abiertas las asociaciones, las cronologías y las causas de muerte, preguntas que reúnen el trabajo sobre cuerpos, objetos y residuos.
Depósitos subterráneos y cronología en el Cantábrico
La Cerrosa-Lagaña conserva objetos y restos biológicos de una larga secuencia de deposiciones, desde el Neolítico hasta época tardorromana. Las dos fases de la Edad del Hierro forman parte de esa historia de uso del espacio subterráneo.
El Aspio, Cofresnedo y El Linar, en Cantabria, ofrecen referencias con las que el equipo compara la reutilización de espacios subterráneos al final de la Edad del Hierro y sus posibles usos.
En Peñamellera Baja, los recipientes y restos humanos conservados ofrecen oportunidades de análisis poco habituales para esta época. La pendiente condiciona el estudio de sus asociaciones; las armas incompletas, los cuerpos y la fauna reúnen nuevas evidencias para investigar las propuestas de ofrenda, enterramiento o sacrificio en las distintas fases de la cueva.



