Edad Media
Un horno portátil andalusí aparece en los almacenes del Castell de Bairén
La excavación de la alcazaba del Castell de Bairén, en Gandia, ha recuperado un tannur u horno portátil de época andalusí. El objeto apareció en la calle que organiza varios almacenes y fue trasladado para su limpieza y estudio; el análisis de su interior podría aportar datos sobre alimentación.

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En el sector sur de la alcazaba, donde la campaña recupera y consolida espacios de almacenamiento, se habían documentado más de diez habitáculos. Un horno portátil bien conservado apareció en la calle que los comunica. El arqueólogo municipal Joan Negre señaló que excavar su interior y tomar muestras podría ayudar a conocer la alimentación de quienes utilizaron el castillo.
Las restauradoras consolidaron la pieza en el lugar para poder retirarla entera y llevarla al laboratorio del Museu Arqueològic de Gandia. Allí se preveían la excavación de su contenido, la toma de muestras y la restauración antes de una futura incorporación a la muestra sobre el legado andalusí.
Otra pieza en los niveles de abandono
Durante la primera semana de trabajo se encontró también una aguja completa de hueso en los niveles superficiales de abandono, fechados de manera general a finales del siglo XIV. Conserva un extremo decorado con muescas y el ojo por donde pasaba el hilo. El desgaste de la superficie sugiere uso continuado para guiar hilo a través de perforaciones previas, probablemente en cuero.
Los niveles de uso de los almacenes se atribuyen a los siglos XII y XIII; el horno ayuda a reconocer esa fase.
Vida cotidiana en una fortaleza de la Safor
Los castillos andalusíes no fueron solo espacios defensivos. Habitáculos y almacenes documentan abastecimiento, trabajo y mantenimiento de una comunidad. El horno transportable añade una evidencia de preparación de alimentos; el análisis de sus residuos podía precisar qué se cocinó.
En el paisaje de asentamientos medievales vinculados al origen de Gandia, Bairén conserva niveles de uso de los siglos XII y XIII, a los que pertenece el horno de los almacenes, y de abandono del XIV, donde apareció la aguja. Esa secuencia ayuda a reconstruir cambios tras la etapa andalusí.
La extracción íntegra del tannur conservó posibles residuos y capas interiores para el laboratorio. Su posición en la calle de los almacenes documenta la preparación de alimentos dentro de un espacio de abastecimiento y circulación. El estudio pendiente debía precisar su uso y la relación con las estancias vecinas.



