Neolítico
La dieta de Cova Bonica apenas muestra consumo de recursos marinos
Las personas del Neolítico inicial estudiadas en Cova Bonica, en Vallirana (Barcelona), vivieron relativamente cerca del Mediterráneo, pero sus restos no conservan una señal apreciable de alimentos marinos. La Universitat de València difundió en diciembre de 2022 un análisis que combinó isótopos de huesos y dientes con microrrestos retenidos en el cálculo dental para estudiar qué comían hace unos 7.400 años.

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Domingo C. Salazar, investigador de la Universitat de València, dirigió el trabajo con especialistas de la Universitat de Barcelona y University College Dublin. Los isótopos estables del carbono y del nitrógeno presentes en los tejidos humanos y animales ofrecen pistas sobre los alimentos consumidos durante la vida. El equipo añadió el examen de restos vegetales microscópicos atrapados en el sarro dental. Según la universidad, era la primera combinación de ambos métodos aplicada a poblaciones del Neolítico antiguo en la península ibérica.
Los resultados sitúan en primer plano una economía de animales domesticados y cereales. No apareció una señal isotópica de consumo de recursos marinos en los restos humanos examinados, pese a que aquellas comunidades habían llegado al litoral por vía marítima. La cueva se encuentra hoy cerca de la costa y del delta del Llobregat, aunque en aquel momento la línea de mar quedaba más alejada.
Cereales, hipótesis y límites de la muestra
El cálculo dental conservó menos indicios de cereales de los esperados, entre ellos trigo. Esa escasa recuperación de partículas vegetales llama la atención en comunidades de economía agrícola; Robert C. Power señaló también que los restos arqueobotánicos de la cueva son escasos frente a los de otros yacimientos del sudeste europeo.
Salazar planteó dos explicaciones posibles para la escasa huella marina: que el grupo conservara sus prácticas alimentarias agrícolas y ganaderas sin incorporar nuevos recursos, o que existieran normas culturales que desaconsejaran comerlos. La investigación, publicada en Frontiers in Earth Science, estudia la dieta de este grupo dentro de la transformación económica del Neolítico.
El trabajo científico analizó por separado muestras de sarro dental de cinco personas, entre adultos y menores, y comparó sus microrrestos con sedimento del yacimiento y controles de laboratorio. En cuatro muestras dentales aparecieron únicamente seis granos de almidón en total; una conservaba la señal compatible con trigo o cebada. Los controles ayudaron a valorar si las partículas llegaron a la boca durante la vida o contaminaron el material después del enterramiento.
Una cueva con una historia de excavación anterior
Cova Bonica es uno de los pocos yacimientos de esa etapa con restos humanos excavados en el nordeste peninsular. La Universitat de Barcelona informó en 2017 de al menos seis individuos identificados en sus campañas, junto con objetos domésticos, restos animales y cerámica. Aquel hallazgo permitió estudiar directamente a las primeras comunidades agricultoras de la región. Cinco años después, el análisis de dieta volvió sobre aquellos materiales recuperados con nuevas preguntas de laboratorio.
La cueva conserva ocupaciones de distintos momentos a lo largo de unos 7.400 años. La secuencia arqueológica permite situar los huesos humanos en su contexto y comparar sus señales químicas con las de la fauna. El estudio de 2022 examinó esos materiales para conocer prácticas alimentarias concretas. El paisaje costero actual ofrece una referencia geográfica, pero no reproduce exactamente el litoral que conocieron quienes ocuparon la cueva.



