Investigación arqueológica
Puntamuyeres aporta las primeras pruebas de su ocupación al final de la Edad del Hierro
Los primeros materiales recuperados en el castro de Puntamuyeres, junto a Luarca, apuntan a una ocupación de finales de la Edad del Hierro. El Instituto de Ciencias del Patrimonio del CSIC presentó ese avance el 13 de diciembre de 2021, después de una campaña promovida por el Ayuntamiento de Valdés. Las dataciones por radiocarbono aún debían precisar la cronología del poblado.

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El proyecto estuvo supervisado por David González-Álvarez, investigador del Incipit y director científico de los trabajos. La presentación pública de los resultados se anunció para el martes 14 de diciembre, a las siete de la tarde, en la Casa de Cultura municipal. En el acto estaba prevista también la participación del alcalde Óscar Pérez Suárez, quien había expresado su satisfacción por el avance de la investigación.
La campaña de campo se desarrolló entre mayo y julio, seguida del estudio de los materiales. Antes de examinar el enclave fue necesario retirar la vegetación que cubría buena parte de su superficie. El desbroce permitió observar mejor las formas del promontorio y emplear drones fotogramétricos para documentar el yacimiento.
De las prospecciones a los primeros materiales
El reconocimiento incorporó magnetometría y georradar, bajo la supervisión de Jesús García Sánchez, del Instituto de Arqueología de Mérida, centro del CSIC. Estas técnicas detectaron anomalías que podían corresponder a estructuras enterradas. El equipo abrió dos sondeos dentro del poblado para comprobar la naturaleza de esas señales.
En las actuaciones participaron alrededor de doce investigadores y profesionales, entre ellos técnicos y especialistas del Incipit y de la Universidad de Edimburgo. Tras el verano continuó el trabajo en laboratorios de varios países. Pocos días antes del anuncio de diciembre, el CSIC había entregado al Ayuntamiento de Valdés un informe preliminar que debía servir para acordar los siguientes pasos del proyecto.
Los indicios cronológicos procedían de fragmentos de cerámica encontrados en derrumbes y superficies de uso asociados a las estructuras identificadas. González-Álvarez consideraba que esos materiales permitían situar la ocupación al final de la Edad del Hierro. La atribución seguía pendiente de una delimitación más precisa mediante radiocarbono, prevista para los meses posteriores.
La identificación del lugar como castro no era nueva. José Manuel González había señalado su carácter prerromano a mediados del siglo XX, y el enclave figuraba en la carta arqueológica de Valdés. La aportación de las investigaciones promovidas en 2021 consistía en contrastar esa interpretación mediante prospecciones y excavaciones regladas, vinculando las características visibles del terreno con materiales recuperados en su contexto.
Cuatro fosos frente al litoral
Puntamuyeres ocupa un cabo accidentado, separado de la rasa costera por cuatro fosos excavados en la roca. Esas obras delimitaban el espacio habitado y reforzaban las condiciones defensivas del emplazamiento. Su escala se hizo mucho más evidente tras la limpieza de la vegetación, que hasta entonces había ocultado buena parte del sistema. Durante el verano llamaron la atención de quienes acudían a la Playa Tercera, situada inmediatamente por debajo.
El director del proyecto propuso que la elección del cabo y la magnitud de los trabajos, además de facilitar la defensa, podían expresar la voluntad de dar presencia monumental al poblado y hacer visible la capacidad de trabajo de sus habitantes.
El equipo planteaba nuevas fases en diálogo con el municipio para estudiar las formas de ocupación y la vida cotidiana de aquella comunidad. Los materiales y las estructuras recuperados constituían el punto de partida de ese trabajo todavía abierto.
Compartir una investigación financiada con fondos públicos
La difusión formaba parte de los objetivos del proyecto. González-Álvarez vinculó el trabajo de un organismo público, respaldado económicamente por el Ayuntamiento, con la necesidad de acercar sus resultados a los vecinos de El Chano, Luarca y el conjunto de Valdés. La pandemia y las dificultades de acceso al castro complicaban esa tarea, por lo que investigadores y corporación local estudiaban otras formas de compartir el conocimiento.
El informe evaluaba también las posibilidades del yacimiento dentro de futuros proyectos municipales, culturales y asociativos. El Incipit proponía colaborar con los centros educativos y trasladar los resultados a las iniciativas culturales y turísticas del concejo. El castro podía incorporarse al conocimiento del paisaje de Luarca junto al puerto, el faro, el cementerio, la antigua batería de La Atalaya, las playas y La Fonte Baxa: lugares de épocas y funciones diferentes que forman parte del entorno actual.
Coaña y el paisaje castreño del occidente asturiano
En el occidente asturiano, el castro de Coaña ofrece un término de comparación para el estudio de los poblados fortificados. Situado en Villacondide, conserva una acrópolis y un barrio inferior con cerca de ochenta construcciones. Predominan las plantas circulares, aunque también aparecen edificios ovales y rectangulares, enlazados por pequeños espacios de circulación.
La ficha del Principado sitúa la fundación de Coaña en la Edad del Hierro, en torno al siglo IV a. C., y describe una ocupación intensa durante los siglos I y II d. C. Sus edificios conservan reformas de época romana. Puntamuyeres, por su parte, contaba en 2021 con una atribución inicial al final de la Edad del Hierro que debía precisarse mediante sus propias dataciones.
Coaña conserva además dos instalaciones termales y un sistema de murallas y fosos. Su larga trayectoria de excavación aporta información sobre las relaciones entre viviendas, espacios colectivos y defensas dentro del paisaje castreño del occidente asturiano.



