Neolítico
Els Trocs documenta el pastoreo estacional en el Pirineo hace 7.300 años
Los huesos y dientes de las ovejas de Els Trocs conservan señales de una ganadería que cambiaba de altura con las estaciones. Un estudio difundido por el CSIC el 8 de enero de 2021 situó esta práctica en el Pirineo oscense hace unos 7.300 años, entre las primeras comunidades neolíticas de la Alta Ribagorza.

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La investigación, publicada en PLOS ONE, combinó tres registros: los restos animales, la composición isotópica del esmalte dental y los parásitos conservados en los sedimentos. Su coincidencia permitió reconstruir una explotación ganadera estacional, con desplazamientos entre ambientes distintos. El equipo presentó el caso como la constatación científica más antigua de este tipo de movilidad pecuaria documentada entonces en Europa.
La cueva se había ocupado de forma intermitente durante más de dos milenios. Las estancias estudiadas correspondían al final de la primavera y al verano, cuando los pastos altos podían alimentar a los rebaños. Ese uso recurrente y estacional dejó una larga secuencia de restos ganaderos.
Lo que revelan los dientes y las edades de muerte
Los análisis de carbono y oxígeno se realizaron sobre la bioapatita, el componente mineral del esmalte de los dientes de oveja. Las variaciones registradas indicaban que los animales habían vivido en entornos ecológicos diferentes a lo largo del año: los valles durante el otoño y el invierno, y las zonas montañosas en primavera y verano.
El equipo identificó además cambios en el ciclo reproductor. Los datos apuntaban a nacimientos fuera de la estación natural habitual de la especie, una desestacionalización que la comunicación del CSIC señalaba como la primera evidencia de este fenómeno en la península ibérica. La reproducción y el aprovechamiento de los pastos formaban así parte de una gestión ganadera más compleja.
Los huesos aportaron otra secuencia de cambios. Con el tiempo disminuyeron las muertes de animales alrededor del nacimiento y se retrasó la edad de sacrificio. Los investigadores relacionaron esas tendencias con un control creciente de la cría y con la posibilidad de aumentar tanto el número de cabezas como la capacidad productiva de los rebaños.
Parásitos y transformación del paisaje
La cantidad de parásitos y la variedad de helmintos —gusanos parásitos— aumentaban en las muestras de sedimento de las fases más recientes. Este registro respaldaba una intensificación de la actividad ganadera en el entorno de la cueva entre el Neolítico antiguo y el medio-final. La movilidad de los animales quedaba vinculada a la expansión de la producción de alimentos y de la presencia humana en la alta montaña.
Marta Moreno García, del Instituto de Historia del CSIC, coordinó los estudios arqueozoológicos. Carlos Tornero, del IPHES, se ocupó de los análisis isotópicos, y Alizé Hoffmann, de la Universidad de Toulouse, del estudio de los paleoparásitos. Huesos, esmalte dental y sedimentos aportaron las pruebas complementarias de aquella movilidad.
Los autores distinguieron esa movilidad neolítica de la trashumancia como sistema económico y social conocido en la Edad Media. Los desplazamientos estacionales constituían una práctica antigua; las instituciones, rutas y formas de organización medievales pertenecen a otro marco histórico. Moreno García relacionó la práctica con el patrimonio cultural de la ganadería móvil y expresó su preocupación por su retroceso contemporáneo.
El trabajo reunió al Instituto de Historia y al Incipit del CSIC, con la dirección de la Universidad de Valladolid y el Gobierno de Aragón. Participaron también el IPHES, la Universitat Rovira i Virgili, Toulouse-Jean Jaurès, la Universidad Autónoma de Madrid, la Danube Private University austríaca y la Universidad de Basilea. El anuncio de enero de 2021 dio a conocer los resultados sobre aquellos rebaños neolíticos.
Cuevas y comunidades neolíticas del Alto Aragón
Els Trocs, en el municipio oscense de Bisaurri, forma parte de un patrimonio neolítico que permite estudiar cómo se extendieron las primeras economías agrícolas y ganaderas por Aragón. La documentación del Gobierno aragonés destaca la conservación de la fauna, las cerámicas y los restos humanos, así como las posibilidades de contrastar esos materiales mediante dataciones y análisis de laboratorio.
En un marco regional más amplio, la cueva de Chaves, en el entorno de Bastarás y Casbas de Huesca, fue otro yacimiento de referencia para conocer el Neolítico. La destrucción de parte de su depósito limita lo que puede reconstruirse de aquella ocupación. Su entorno conserva también abrigos con arte esquemático: antropomorfos, barras, signos y digitaciones descritos en el catálogo patrimonial aragonés.
Els Trocs y Chaves aportan testimonios de actividades y expresiones culturales distintas en el Alto Aragón. Los registros ganaderos de la primera cueva y las pinturas del entorno de la segunda amplían la información sobre la diversidad de las comunidades de la prehistoria reciente en esta región.



