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Antiguo Egipto

El proyecto Djehuty descubre el enterramiento de una adolescente con su ajuar en Luxor

El proyecto Djehuty anunció el 24 de abril de 2020 el hallazgo en Luxor de una adolescente enterrada hace unos 3.600 años con pendientes, anillos y cuatro collares. El contraste entre la riqueza de las joyas y la sencillez del ataúd abrió nuevas preguntas sobre las personas sepultadas en esta parte de la necrópolis tebana.

· Fecha de la fuente: · Fuente: CSIC / SINC
Templo de Luxor, en la orilla oriental del Nilo
Templo de Luxor, en la orilla oriental del Nilo. Imagen de contexto de la antigua Tebas; el enterramiento de la joven apareció en Dra Abu el-Naga, en la orilla occidental. Marc Ryckaert · CC BY 3.0 · Fuente. Reducida y convertida a WebP, sin recorte.
En este artículo
  1. Las joyas conservadas junto al cuerpo
  2. Una figurilla con un nombre compartido
  3. Hallazgos de distintas campañas y épocas
  4. La conservación de un jardín funerario
  5. Las tumbas-capilla de Djehuty y Hery
  6. Fuentes consultadas
  7. Fuentes del contexto patrimonial

La investigación se desarrolló en la colina de Dra Abu el-Naga, en la orilla occidental del Nilo. El equipo, dirigido por José Manuel Galán, investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, trabajó durante enero y febrero en su decimonovena campaña. El proyecto reúne excavación, restauración y estudio de tumbas y objetos de la antigua Tebas.

La joven tenía aproximadamente quince o dieciséis años y medía 1,59 metros. Su cuerpo descansaba sobre el costado derecho dentro de un ataúd antropomorfo de madera pintada de blanco. La pieza, de 1,75 metros de longitud y 33 centímetros de anchura, había sido tallada en un solo tronco, probablemente de sicomoro.

El ataúd apareció cerca del patio de entrada a la tumba-capilla de Djehuty y junto a una capilla de adobe atribuida a alrededor de 1600 a. C. Los investigadores propusieron que antiguos saqueadores lo habían abandonado sobre el suelo. Pese a ese desplazamiento, parecía haber sido depositado con cuidado y permanecía sin abrir.

Las joyas conservadas junto al cuerpo

Una radiografía permitió reconocer el ajuar antes de abrir el conjunto. Había dos pendientes en la oreja izquierda y un anillo en cada mano. Uno de los anillos era de hueso; el otro incorporaba vidrio azul y un engarce sujeto mediante un cordel alrededor del dedo.

Sobre el pecho se habían reunido cuatro collares de entre 61 y 70 centímetros. Dos estaban compuestos por cuentas de fayenza de diferentes azules. Este material presenta un acabado vidrioso. Un tercer collar combinaba cuentas de fayenza y de vidrio verde, mientras que el cuarto destacaba por la variedad de sus componentes.

La pieza más elaborada reunía 74 elementos de distintas formas, realizados en amatista, cornalina, vidrio y otras piedras que todavía no se habían identificado, además de siete amuletos de fayenza. Según el equipo, un halcón de ámbar que representaba a Horus parecía ocupar el centro, entre dos escarabeos.

Galán destacó la diferencia entre la riqueza del ajuar y el carácter relativamente modesto del ataúd. Los materiales abrían preguntas sobre la posición social de la fallecida, cuya identidad y relaciones familiares seguían sin conocerse.

El entorno funerario también planteaba preguntas. En esta zona se habían enterrado al menos tres reyes de la dinastía XVII, junto con familiares y cortesanos residentes en Tebas. El equipo había documentado una docena de ataúdes abandonados sin protección sobre el suelo y una proporción de mujeres y niños superior a la observada en otras partes de la necrópolis.

Una figurilla con un nombre compartido

Al otro lado de la capilla de adobe apareció un ataúd de barro mucho menor: 22 centímetros de largo por quince de ancho. Conservaba anudada la cuerda que lo cerraba. En su interior había una figurilla humana de madera, un shabti, envuelta en cuatro vendas de lino diferentes y atadas a la altura del cuello y de los tobillos.

Una de las telas llevaba una inscripción horizontal en tinta negra y escritura hierática, de trazos cursivos. Identificaba al propietario con la fórmula «El Osiris, Djehuty». La misma identificación figuraba en vertical sobre la parte delantera de la pequeña representación momiforme.

Djehuty era un nombre relativamente frecuente entre 1600 y 1400 a. C. El equipo situó la figurilla hacia 1600 a. C., más de un siglo antes del funcionario cuya tumba da nombre al proyecto. Seguía sin conocerse la tumba o capilla concreta a la que pertenecía.

Hallazgos de distintas campañas y épocas

La comunicación de 2020 incluyó también resultados de la campaña de 2019. En un pozo funerario de la misma zona se habían recuperado unas sandalias de cuero teñido y decorado en relieve. Sus motivos incluían gatos, cabras monteses, una roseta y las divinidades Taweret y Bes.

Por su tamaño y por la relación de esas divinidades con la gestación y el parto, los investigadores plantearon que las sandalias podrían haber pertenecido a una mujer de alrededor de 1600 a. C. Debajo se encontraron dos bolas de cuero rellenas de cáscara de cebada y unidas por un cordel, que el equipo relacionó también con un posible ajuar femenino.

El proyecto documentó también objetos metálicos en dos momias de época posterior, dañadas por saqueadores antiguos. Una conservaba una placa de estaño con el Ojo de Horus grabado. Según la interpretación religiosa expuesta por Galán, cumplía una función protectora del cuerpo frente a la corrupción. La permanencia de una placa de este tipo en su posición original era poco habitual.

En la otra momia, un depósito de tierra amarillenta situado en la región del corazón sostenía ocho pequeñas placas de plata recubiertas de oro. Cada una mostraba un amuleto. La resina utilizada durante el embalsamamiento había oscurecido el conjunto y pudo contribuir a que los saqueadores no lo reconocieran. La limpieza permitió recuperar el brillo del metal.

La conservación de un jardín funerario

La campaña incorporó además una réplica del jardín funerario descubierto en 2017 delante de una tumba de alrededor de 2000 a. C. La estructura original, realizada con barro y adobe, estaba dividida en pequeños cuadros que conservaban restos vegetales. Hasta entonces, jardines de esa clase se conocían principalmente por representaciones.

La fragilidad del conjunto aconsejó protegerlo. Con financiación del American Research Center in Egypt y USAID, el proyecto encargó a Factum Arte, en Madrid, una reproducción que se trasladó a Egipto. Se instaló sobre la estructura rígida que cubría el original, de manera que el jardín pudiera explicarse sin dejar sus restos expuestos.

Los resultados combinan, por tanto, descubrimiento y conservación. El enterramiento de la joven, la figurilla y los objetos de otras tumbas permiten investigar prácticas funerarias diferentes, en un entorno que reúne hallazgos de distintas fechas y procedencias.

Las representaciones de Horus y las figuras protectoras dispuestas junto al cuerpo informan sobre las creencias y las expectativas funerarias de quienes prepararon los enterramientos. Los amuletos y los objetos del ajuar aportan testimonios materiales de esas prácticas.

El equipo distinguió el lugar donde encontró el ataúd de la joven de la ubicación de su sepultura original, todavía sin identificar. El conjunto parecía haber sido trasladado en la Antigüedad, conservando cerrado el ataúd y sus joyas. El estado del ajuar permitió estudiar los materiales reunidos junto al cuerpo.

Las tumbas-capilla de Djehuty y Hery

El proyecto toma su nombre de Djehuty, un funcionario que supervisó el Tesoro y los trabajos artesanos durante el reinado de Hatshepsut. Su tumba-capilla forma parte de la necrópolis de la antigua Tebas, en Dra Abu el-Naga. Se trata de un personaje posterior a la joven y a la figurilla anunciadas en 2020.

La tumba vecina de Hery constituye otro de los monumentos estudiados y conservados por la misión. Sus espacios y decoraciones permiten relacionar el patrimonio arquitectónico con los enterramientos y objetos recuperados en el entorno, incluidos materiales desplazados por actuaciones posteriores.

El jardín descubierto en 2017 añade una fase todavía más antigua, de alrededor de 2000 a. C. Sus restos vegetales y su organización en cuadros permiten investigar un componente de los rituales funerarios que suele conocerse a través de imágenes. La réplica instalada en 2020 responde a la necesidad de explicar ese patrimonio conservando protegido el original.

Fuentes consultadas

Fuentes del contexto patrimonial

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