Neolítico
Una resina masticada hace 5.700 años permitió reconstruir un genoma humano
Un fragmento de resina de abedul masticado hace unos 5.700 años conservó información genética de una mujer, de los microorganismos de su boca y de posibles alimentos. El estudio, publicado el 17 de diciembre de 2019 en Nature Communications, abrió una vía para investigar poblaciones de las que no se conservan restos humanos.

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La pieza apareció en Syltholm, al este de Rødbyhavn, en la isla danesa de Lolland, donde el Museo Lolland-Falster excavaba con motivo de las obras del enlace del Fehmarn. Los sedimentos anegados habían sellado abundantes materiales orgánicos; esa conservación excepcional también benefició al pequeño fragmento que acabaría proporcionando un genoma humano antiguo completo.
El equipo de la Universidad de Copenhague, encabezado por Hannes Schroeder, presentó el resultado como la primera recuperación de ese tipo a partir de un material distinto del hueso. Theis Jensen, participante tanto en la excavación como en el estudio, destacó la importancia de Syltholm para conocer la explotación de recursos silvestres durante el Neolítico del sur de Escandinavia, cuando la agricultura y los animales domésticos ya habían llegado a la región.
La antigüedad se estableció mediante una datación directa por radiocarbono, que situó la pieza entre aproximadamente 5.858 y 5.661 años antes del presente. La identificación de la brea se apoyó en análisis químicos, incluidos infrarrojos y cromatografía, con compuestos característicos del abedul. La fecha y la naturaleza del material, por tanto, se investigaron de manera independiente de la reconstrucción genética.
La información genética indicaba que la resina había sido masticada por una mujer, más próxima a los cazadores-recolectores de la Europa continental que a los grupos de la Escandinavia central utilizados en la comparación. El equipo propuso, con carácter probabilístico, piel y cabello oscuros y ojos azules. Su nombre, edad y biografía seguían desconocidos.
Los investigadores obtuvieron cerca de 390 millones de lecturas de ADN. Alrededor de un tercio pudo alinearse con el genoma humano de referencia, con una cobertura media de 2,3 veces. Examinaron la fragmentación y los daños característicos del ADN antiguo y estimaron una contaminación humana moderna de entre el uno y el tres por ciento. Esos controles eran necesarios para distinguir información antigua de posibles aportaciones posteriores al depósito.
El estudio detectó además ADN de avellano y de ánade real, que los investigadores relacionaron con el posible consumo de avellanas y pato. Estos indicios encajan con los materiales del yacimiento, que muestran la persistencia de la caza, la pesca y la recolección durante las transformaciones económicas del Neolítico. En Syltholm, los recursos silvestres siguieron teniendo un papel destacado tras la llegada de la agricultura a la región.
La resina aportó otra clase de información: microorganismos asociados a la cavidad oral. Se identificaron bacterias habituales del microbioma y microorganismos potencialmente patógenos, además de secuencias atribuidas al virus de Epstein-Barr. Esa detección documenta una muestra antigua de la comunidad microbiana de la boca, sin establecer si la mujer padeció síntomas de una enfermedad.
La brea se obtenía calentando corteza de abedul y podía emplearse como adhesivo, por ejemplo para fijar piezas de piedra a sus soportes. Al enfriarse se endurecía; masticarla podía ayudar a ablandarla antes de utilizarla. Esa es una de las explicaciones propuestas para las huellas de dientes que aparecen en este tipo de materiales.
Entre las explicaciones propuestas para masticar brea también figuraban usos de limpieza bucal, alivio de molestias, control del hambre o simple entretenimiento. La motivación de quien masticó el fragmento de Syltholm seguía abierta.
Schroeder subrayó el potencial de estos restos para comparar microbiomas antiguos y actuales y estudiar sus cambios junto a la alimentación y las formas de vida. El trabajo recibió apoyo de la Fundación Villum y del programa europeo Horizonte 2020 mediante las acciones Marie Curie.
Syltholm y la conservación de la vida cotidiana neolítica
El patrimonio de Syltholm destaca por materiales que rara vez sobreviven en suelos secos. La conservación de restos orgánicos permite estudiar actividades cotidianas que quedarían poco representadas si solo se recuperaran piedras, cerámica y metales. El Museo Lolland-Falster documentó el yacimiento en el marco de las investigaciones previas a las grandes obras de infraestructura de la zona.
La resina sitúa a la mujer en el Neolítico de una región donde ya se conocían la agricultura y la ganadería. En Syltholm, la evidencia genética y arqueológica apunta a una población que seguía dependiendo ampliamente de recursos silvestres, dentro de la diversidad de formas de subsistencia de aquel periodo.
El fragmento masticado se suma a los animales, las plantas y los objetos recuperados en la excavación. Juntos documentan actividades de la vida cotidiana en Syltholm: el uso de materiales como la brea y el aprovechamiento de los recursos del entorno. La conservación orgánica del yacimiento permite reunir esas evidencias en un mismo paisaje neolítico.



