Íberos
Marfil, ámbar y estaño revelaron la complejidad de cinco cuchillos ibéricos
Cinco mangos de marfil de época ibérica conservaron una combinación artesanal que había pasado inadvertida: incrustaciones de ámbar fijadas con estaño. La investigación difundida en febrero de 2019 mostró que identificar los materiales de un objeto podía cambiar la lectura de su fabricación y de su valor social.

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El trabajo, dirigido por Consuelo Mata en la Universitat de València y publicado en Archaeological and Anthropological Sciences, examinó piezas de unos 2.400 años. Procedían de El Cigarralejo, en Mula; del poblado y la necrópolis de Coimbra del Barranco Ancho, en Jumilla; de La Serreta, en Alicante, y de Turó del Montgròs, en Barcelona. Los cinco objetos reunían así materiales de cuatro conjuntos arqueológicos.
La identificación inicial de algunas incrustaciones como piedra resultó insuficiente. Los análisis distinguieron una resina fósil, el ámbar, y un metal, el estaño, asociados al marfil del soporte. La novedad estaba en su combinación y en la función de cada componente: el estaño no aparecía simplemente como adorno independiente, sino como material de unión de las pequeñas piezas de ámbar.
Consuelo Mata destacó que no se conocía previamente en el ámbito ibérico y, de forma más amplia, en el Mediterráneo occidental una identificación semejante de estos tres materiales valiosos reunidos en un mismo objeto. La novedad concernía a su asociación artesanal documentada.
El equipo utilizó dos pruebas complementarias: fluorescencia de rayos X portátil y espectroscopia de infrarrojo cercano por transformada de Fourier. La primera aporta información sobre los elementos químicos; la segunda permite comparar respuestas espectrales útiles para caracterizar materiales orgánicos. En este caso, su combinación permitió abordar una decoración que no podía describirse con seguridad solo por su aspecto.
La portabilidad y el carácter no destructivo de las técnicas tenían además importancia para la conservación. Permitían examinar superficies concretas, conservar íntegros los mangos y trabajar con las piezas en su lugar de depósito. En las zonas medidas, el análisis debía tener en cuenta la corrosión, los residuos y las diferencias de estado de conservación.
Los autores propusieron el empleo de estaño fundido para sujetar el ámbar; Marta Blasco señaló que el metal pudo también realzar su color. El estado de conservación impide apreciar hoy la apariencia original de la misma manera que la habrían percibido sus usuarios. A partir de los materiales identificados, el equipo reconstruyó la posible técnica de montaje y su efecto visual.
El hallazgo planteaba preguntas sobre el abastecimiento. Lucía Soria, de la Universidad de Castilla-La Mancha, distinguió la procedencia de los materiales: el marfil era una materia prima exótica; el ámbar podía proceder de distintos depósitos europeos, incluidos peninsulares, y el estaño era conocido en el ámbito ibérico. La procedencia exacta del ámbar seguía abierta.
También quedaba abierta la localización de la fabricación. Un mango podía reunir materias primas llegadas por vías distintas y elaborarse en un taller ibérico, o circular como objeto ya terminado. Estas dos posibilidades planteadas por el equipo daban lugar a preguntas sobre las técnicas de los artesanos y sobre el intercambio de las piezas.
La calidad de ejecución y el valor de los materiales llevaron al equipo a proponer que las piezas pertenecieran a sectores de alto rango; sus propietarios seguían sin identificar. El estudio posterior de estos mangos, publicado por varios integrantes del equipo en Zephyrus, amplió la comparación con otros ejemplares procedentes de espacios domésticos y funerarios, atendiendo a su forma, decoración y contexto.
La investigación de 2019 formaba parte de un proyecto sobre objetos ibéricos de materias duras de origen animal, como hueso, asta, concha y marfil. Reunió a Consuelo Mata, Marta Blasco, Eva Collado, Gianni Gallello, Agustín Pastor y Lucía Soria, y recibió financiación del Ministerio de Economía y Competitividad y de la Generalitat Valenciana. Su aportación fue conectar análisis químicos con preguntas arqueológicas sobre artesanía, intercambio y diferenciación social.
El Cigarralejo y los ajuares del mundo ibérico
El Cigarralejo, en Mula, permite situar uno de los mangos estudiados dentro de un patrimonio arqueológico más amplio. La colección del museo se relaciona con el asentamiento y, especialmente, con su necrópolis ibérica. Los ajuares funerarios ofrecen información sobre los objetos seleccionados para acompañar a los muertos y sobre las diferencias entre enterramientos.
Los objetos seleccionados para una tumba forman un conjunto funerario específico dentro de los materiales que una persona pudo utilizar en vida. La pieza elaborada se estudia junto a los demás componentes del ajuar y a las circunstancias del depósito. En ese contexto, el mango de marfil aporta tanto su composición singular como un término de comparación con otros objetos recuperados en excavación.
El museo ocupa un edificio de época posterior a la cultura ibérica. La arquitectura que aparece en la fotografía de contexto es la sede actual donde se conserva y explica la colección de la Edad del Hierro. El edificio y los objetos corresponden, por tanto, a momentos distintos de la historia del lugar.



