Investigación arqueológica
Una herramienta de Badari conserva huellas de un taladro metálico predinástico
El reexamen de una pieza de cobre y de su cordón de cuero apunta al uso de un taladro de arco a finales del IV milenio a. C.

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Un pequeño objeto recuperado hace un siglo en el cementerio de Badari, en el Alto Egipto, ha sido identificado como un posible componente de taladro rotatorio. La Universidad de Newcastle anunció el 9 de febrero de 2026 los resultados del estudio, realizado con la Academia de Bellas Artes de Viena y publicado en Egypt and the Levant. Los autores lo presentan como el taladro metálico rotatorio más antiguo reconocido hasta ahora en Egipto.
La pieza pertenece al periodo predinástico, a finales del IV milenio a. C., antes de los primeros faraones. Procede de la tumba 3932, correspondiente a un hombre adulto, y se conserva en el Museo de Arqueología y Antropología de la Universidad de Cambridge con el número 1924.948 A. Mide 63 milímetros y pesa aproximadamente 1,5 gramos.
Su publicación en la década de 1920 la describía como un pequeño punzón de cobre con una tira de cuero enrollada. Esa clasificación apenas desarrollada contribuyó a que el objeto recibiera poca atención durante décadas. El nuevo examen bajo aumento ha permitido observar estrías finas, bordes redondeados y una ligera curvatura del extremo activo: huellas que, según los investigadores, corresponden a un movimiento de rotación y no a una simple perforación por presión.
Las señales del movimiento y del metal
Junto al útil se reconocieron seis vueltas de un cordón de cuero extremadamente frágil. Martin Odler, investigador visitante de la Escuela de Historia, Clásicas y Arqueología de Newcastle y primer autor, propone que se trata del resto de la cuerda de un taladro de arco. En ese mecanismo, el movimiento alterno del arco hace girar rápidamente un eje alrededor del cual está enrollada la cuerda.
La combinación de marcas y material orgánico ofrece indicios sobre el funcionamiento de la herramienta. Para Odler, el sistema proporcionaba una perforación más rápida y controlada que el empuje o giro manual de un punzón. La interpretación sitúa esta tecnología más de dos milenios antes de algunos conjuntos bien conservados del Reino Nuevo, fechados entre mediados y finales del II milenio a. C.
Los taladros permitían trabajar madera, piedra y cuentas, tareas necesarias para fabricar muebles y adornos. Sus representaciones en tumbas de la orilla occidental de la actual Luxor muestran usos posteriores de una técnica que rara vez deja conjuntos completos en el registro arqueológico.
El análisis mediante fluorescencia de rayos X portátil identificó una aleación de cobre poco habitual, con arsénico y níquel y cantidades destacadas de plomo y plata. El coautor Jiří Kmošek señala que esa composición habría producido un metal más duro y de aspecto distinto al cobre corriente. La presencia de plata y plomo podría reflejar decisiones deliberadas de aleación y conexiones más amplias de materias primas o conocimientos con el Mediterráneo oriental.
Un hallazgo en una colección antigua
El trabajo se vincula al proyecto EgypToolWear, financiado por UKRI dentro de Horizon Europe Guarantee. El artículo de Odler y Kmošek forma parte del volumen 35 de Egypt and the Levant, correspondiente a 2025; la noticia universitaria de febrero de 2026 difunde su relectura del objeto.
La conservación del cordón añade información sobre el uso a la evidencia metalúrgica. Un útil excavado y descrito brevemente hace décadas permite ahora estudiar una tecnología cotidiana gracias al examen conjunto de su superficie, composición y restos orgánicos.
Las colecciones de los cementerios predinásticos de Badari
Los materiales de Badari y del cercano Mostagedda conservan otras evidencias de las comunidades anteriores al Estado faraónico. Una investigación publicada en PLOS ONE en 2014 examinó envolturas funerarias, piel y esteras de tumbas excavadas en esa región del Alto Egipto, fechadas entre aproximadamente 4500 y 3350 a. C. Los tejidos habían sido enviados por los excavadores a colecciones británicas a comienzos del siglo XX.
La combinación de dataciones y análisis químicos permitió identificar en las envolturas resina de pino, extractos vegetales aromáticos, aceites o grasas y otros productos. Los autores interpretaron esas preparaciones como ensayos tempranos de tratamientos funerarios, anteriores a las técnicas conocidas de épocas faraónicas.
El trabajo ofrece otra muestra de la información que conservan los materiales orgánicos de las antiguas excavaciones. En la misma región y en periodos próximos, tejidos, cordones y útiles metálicos permiten estudiar prácticas diferentes mediante nuevas preguntas y métodos de análisis, manteniendo la relación de cada objeto con su tumba y su fecha.



