Neolítico
Un estudio reconstruye las soluciones de ingeniería utilizadas en el dolmen de Menga
El análisis de las piedras, los cimientos y la geometría de Menga identifica soluciones que favorecieron la estabilidad del monumento. La investigación propone un transporte descendente desde la cantera y una colocación cuidadosamente planificada, ampliando el conocimiento de la construcción megalítica neolítica en Antequera.

En este artículo
El dolmen de Menga, en Antequera, Málaga, ha sido objeto de una investigación que examina cómo se diseñó y levantó su estructura. El estudio, publicado en Science Advances, analiza las relaciones entre grandes piedras y soluciones de estabilidad. Sus resultados muestran una combinación de conocimientos prácticos y organización en comunidades neolíticas de hace aproximadamente 5.800 a 5.600 años.
Han participado nueve especialistas del Instituto Español de Oceanografía del CSIC, las universidades de Sevilla, Alcalá, Salamanca y Granada y el Instituto Andaluz de Ciencias de la Tierra. El trabajo multidisciplinar se prolongó durante casi una década. La novedad de agosto de 2024 es el estudio detallado de la construcción, que incorpora resultados anteriores sobre la procedencia de sus piedras.
La geometría de una estructura estable
Las medidas de los ángulos de cada bloque, su polaridad estratigráfica y la profundidad de los cimientos permiten reconstruir cómo se seleccionaron, orientaron y apoyaron las piedras. El análisis estructural parte de esas características conservadas en el monumento.
El diseño parcialmente soterrado, los pilares y las soluciones de descarga contribuían a estabilizar el edificio y distribuir esfuerzos. Los cortes con ángulos predeterminados, hasta tres en una misma piedra, favorecían el ajuste y apoyo de bloques de pesos extraordinarios.
Destaca la cobija número cinco, cuya geometría convexa se interpreta mediante el principio de arco de descarga. Con unas 150 toneladas, es la piedra más pesada utilizada en un edificio dolménico según la comparación presentada por los autores. Su escala sitúa a Menga entre las grandes realizaciones megalíticas europeas; el menhir Brisé de Locmariaquer, en Bretaña, pertenece a otro tipo de monumento y ofrece una referencia de tamaño superior.
Un transporte desde una cota más alta
El equipo propone que los grandes bloques se desplazaron sobre trineos desde una cantera situada cerca de un kilómetro del dolmen y unos cincuenta metros por encima. Esa diferencia de cota permite plantear un movimiento descendente, en lugar de depender de rampas ascendentes para llevar las piedras hacia el edificio.
La reconstrucción plantea que los bloques siguieron el eje longitudinal del monumento durante su colocación. La posición de la cantera, la disposición de las piedras y las relaciones estructurales forman la base de esa interpretación. Los datos permiten evaluar el procedimiento de construcción propuesto.
Los resultados se apoyan en el conocimiento geológico de los materiales, su geometría y la observación del conjunto. La capacidad de coordinar el trabajo y disponer de mano de obra forma parte de las condiciones necesarias para ejecutar una obra de esta escala. Los autores subrayan que la estabilidad mantenida durante milenios demuestra la eficacia de las soluciones adoptadas.
Conocimientos anteriores a las primeras sociedades estatales
La investigación sitúa estas capacidades en el Neolítico europeo, antes de construcciones de las primeras sociedades estatales del Próximo Oriente y Egipto. La comparación cronológica destaca la precocidad técnica de Menga. La pirámide escalonada de Zoser es alrededor de un milenio posterior, según la referencia que ofrece la comunicación universitaria.
Menga forma parte del Sitio de los Dólmenes de Antequera, inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial desde julio de 2016. El artículo amplía su lectura como obra de arquitectura: tamaño, cimientos, inclinaciones y apoyos se estudian como elementos relacionados. De ese análisis surge una imagen de comunidades capaces de acumular experiencia y resolver problemas complejos mediante conocimientos empíricos.
El estudio relaciona el origen de los materiales con las soluciones conservadas en las piedras y su transformación en un edificio. La propuesta puede contrastarse con otros monumentos y con nuevas investigaciones sobre los procesos de trabajo.
El peso y la disposición de las piedras documentan decisiones coordinadas, además de la habilidad para mover piezas aisladas. La inclinación de los soportes y el apoyo de las cubiertas permiten al equipo estudiar el comportamiento conjunto del edificio a partir de sus superficies y posiciones conservadas.
Menga dentro del conjunto dolménico de Antequera
Menga es uno de los monumentos del Sitio de los Dólmenes de Antequera. Su reconocimiento patrimonial se relaciona con una arquitectura que conserva grandes bloques y permite investigar tanto decisiones constructivas como relaciones con el paisaje. La protección del edificio mantiene un registro material que todavía puede aportar nuevas lecturas.
Los apoyos, las inclinaciones y la posición de las piedras respecto a los demás elementos contribuyen a la estabilidad del conjunto. El estudio de 2024 relaciona esa disposición arquitectónica con la procedencia geológica de los bloques.
La construcción remite a una comunidad capaz de coordinar recursos y trabajo. La comparación con otros contextos neolíticos de la región ofrece una vía para investigar esa organización y los procedimientos utilizados en una obra de la escala de Menga.



