Primeros cristianos y legado arqueológico en Almería

Primeros cristianos y legado arqueológico en Almería

Desde época romana, las primeras comunidades cristianas se establecieron en la provincia y nos han legado importantes vestigios como la escultura paleocristiana del "Buen pastor" encontrada en los alrededores de Gádor y que hoy podemos admirar en la plaza del mercado.

No deja de resultar sorprendente lo lejos que estaba la imagen del Jesus romano del Jesus actual, comprensible si leemos las escrituras sagradas en las cuales no aparece ninguna mención a su aspecto físico. Pero antes de valorar tan singular escultura veamos la descripción del ilustre historiador Antonio García y Bellido en "Las dos figuras del Buen Pastor de Gador":

"A fines del siglo XIX —y según referencias más concretas, basadas en recuerdos, en el año de 1899 —tuvo lugar un descubrimiento muy interesante en Gádor, localidad de la provincia de Almería, sita a unos 17 kilómetros al norte de la capital. Parece ser que, por esta fecha, un labrador que estaba haciendo unos desmontes con el fin de plantar unos naranjos tropezó una serie de restos arqueológicos de época romana tardía. El lugar de este hallazgo fue el llamado "Pago de Quiciliana" (sic), probable resto topónimo de un fundus, como tantos otros en España. Este "pago" está situado en la margen izquierda del río Andaráx, o río de Almería, frente a Gádor, sobre una pequeña altura en la que se halla el cortijo de Juan Salas, lugar preciso del descubrimiento, sito a unos 300 metros del río. Parece ser que el fortuito hallazgo consistió en las dos piezas que vamos a presentar a renglón seguido, más unos pavimentos de mosaico y unas monedas, que dijeron ser de Constantinus algunos de los que las vieron.

Spania, provincia del Imperio Bizantino - Mapa de Jarke - CC BY-SA 3.0
Spania, provincia del Imperio Bizantino y Reino Visigodo en el siglo VI - Mapa de Jarke - CC BY-SA 3.0

En fecha para mí ignorada, un anticuario de Málaga compró el mosaico y la escultura mayor. Andando el tiempo, un señor llamado Heredia adquirió del anticuario esta pieza, y más adelante, uno de los sucesores del Sr. Heredia, se la vendió a su vez al Gobernador de Almería, D. Manuel Urbina Carrera. Finalmente, este último la regaló al Museo de Almería en el mes de marzo de 1949. La historia de la otra pieza, menor, es otra. La tuvo el cronista de la ciudad, D. Juan Antonio Martínez de Castro, de quien la adquirió el Gobernador, Sr. Urbina Carrera, para cederla también al Museo, en 1949, con la escultura mayor antes referida. Así, pues, gracias al mecenazgo del Sr. Urbina, el Museo de Almería tiene ahora estas dos importantes piezas hermanas, que estuvieron separadas (a riesgo de serlo definitivamente) durante casi medio siglo." 

Esculturas gemelas del Buen Pastor, Museo de Almería
Esculturas gemelas del Buen Pastor, Museo de Almería

¿Cual sería el origen de estas figuras hermanas? García y Bellido apunta a otras similares como la de la Casa de Pilatos en Sevilla o las que se conservan en diferentes museos de Italia, Grecia y Turquía. Quizás la comparación más impresionante sea con las antiguas representaciones de las catacumbas romanas de Priscila que nos muestran una figura muy próxima a las divinidades del mundo greco-romano.

"El buen pastor", catacumbas de Priscila, Roma

Dentro de la historia paleocristiana no podemos dejar de hacer mención al impresionante "sarcófago de Berja", actualmente depositado en el MAN y del cual el Museo de Almería conserva una buena reproducción. Manuel Ramos Lizarra, conservador del museo nos hace una detallada descripción del mismo:

"El programa iconográfico de este sarcófago parece destinado a garantizar la vida eterna para el difunto o, más bien, la difunta, pues pensamos que perteneció a una mujer. En el espacio central vemos a la mencionada difunta flanqueada por dos santos (no bien identificados) que parecen sostener a la mujer, orante y con el velo (palla) que denota el recato de la misma. La sostienen con sus brazos pero apenas sin tocarla, como si estuvieran ayudándola en su ascenso celeste.

Sarcófago de Berja - Foto de Enrique Viola
Sarcófago de Berja - Foto de Enrique Viola

En el extremo izquierdo podemos ver una escena de ‘La Resurrección de Lázaro’ en la que éste aparece a la entrada del que fue su mausoleo.

A continuación y, hacia la derecha, podemos ver una representación de la entrada de Jesús en Belén que al mismo tiempo podría representar la entrada en Jericó, pues junto a Cristo subido en un asno podemos ver un hombre encaramado a un árbol para ver mejor, que no es otro que Zaqueo, el recaudador de impuestos. Al pie del árbol una figura agachada está extendiendo su manto al paso de Jesús.

Más a la derecha, después de la escena de ‘La Orante’ ya comentada, podemos ver  de nuevo a Jesús, representado como maestro, con un rollo de pergamino en la mano y, a su lado a San Pedro. Es la escena de la ‘Negación de Pedro’, lo que viene confirmado porque el santo señala con su mano derecha a la figura del gallo.

Y, para concluir, la escena del extremo derecho representa a los santos Pedro y Pablo ante el emperador Nerón. Éste es reconocible porque está sentado en la silla curul, un privilegio de los magistrados cum imperium. Los santos, flanqueados por dos soldados que los sujetan, están representados siguiendo los convencionalismos de la época, siendo Pablo reconocible por las grandes entradas en los cabellos de su frente. Una figura más, otro soldado, con túnica corta igual que los anteriores, se encuentra detrás del emperador. Así, la difunta se identificaría con la resurrección, la persecución y el martirio mostrando su piedad como orante y haciéndose merecedora en definitiva de la vida eterna.

Este sarcófago debió ser realizado hacia 330-340 en el taller de Roma que se conoce como ‘El Dogmático’, pues el sarcófago epónimo recoge los dogmas del Concilio de Nicea."

Otro legado importante es la Iglesia de Pechina, en cuyos alrededores estaba la antigua Urci romana e íbera, que pasaría a ser Al-Bayyana durante la dominación árabe. Fue reconocida como Sede Episcopal en Roma como sede Episcopal a principios del siglo IV, asistiendo el obispo Antonio al Concilio de Elvira (Granada). En época visigoda los obispos asistieron a los concilios de Toledo y en época andalusí siguió siendo sede episcopal hasta finales del siglo XI.  

Iglesia de San Indalecio, Pechina, siglo IV
Iglesia de San Indalecio, Pechina, siglo IV

Podemos afirmar entonces que, con sus más y sus menos (cómo la rebelión del andalusí Omar ben Hafsún a finales del siglo IX contra el califato cordobés), hasta el siglo XI convivieron las religiones musulmana y cristiana, más aun, se conservaron los antiguos nombres romanos e ibéricos de muchos pueblos y lugares de la región. De hecho, la ciudad de Urs-al-Yamán, como la denominaron las tribus yemeníes que se asentaron con el califato Omeya, alcanzó una gran notoriedad por ser la "Puerta de Oriente", es decir, un puerto fundamental en el comercio marítimo. Tal fue su importancia que poco tiempo después, los bahriyyun o "gentes de mar" de diversa procedencia implantan la llamada "República marítima de Bayyana" según nos indica Antonio Luis Martínez en su artículo "De la República marítima de Bayyana a la Taifa de Almería". 

Yacimiento de Al-Bayyana, Pechina
Yacimiento de Al-Bayyana, Pechina

El geógrafo hispanoárabe onubense Abu Abdullah al-Bakri (1014-1094) decía que sobre una puerta de Pechina había una hornacina con una imagen de la Virgen María, lo que demuestra la importancia de la comunidad cristiana en una época ya bien avanzada de la dominación árabe y refuerza la idea de la autonomía de la que gozaba la comarca.

Precisamente por esos años se trasladan al Norte los restos del santo patrón de Almería, San Indalecio (nombre que probablemente derive del íbero latinizado Indal EcciusMensajero de diosMensajero de los dioses o Aquel que tiene gran fuerza). Según la Tradición es uno de los siete varones, discípulos del apóstol Santiago el Mayor pero designados en Roma por San Pablo y San Pedro para que marcharan a Hispania a evangelizar. Estos fueron: Torcuato, Tesifonte, Indalecio, Segundo, Eufrasio, Cecilio y Hesiquio o Isicio. Según unos manuscritos del siglo X del Monasterio de Cardeña, que transmiten información más antigua (del siglo VIII o del siglo IX), los siete varones apostólicos llegaron a Acci (Guadix) cuando se estaban celebrando las fiestas paganas de Júpiter, Mercurio y Juno y los paganos les persiguieron hasta el río, pero el puente se partió milagrosamente y los siete varones apostólicos quedaron salvos. Una noble mujer llamada Luparia se interesó por ellos y los escondió, y se convirtió al Cristianismo después de haber levantado un altar a San Juan Bautista. A continuación los varones apostólicos se separaron para dar noticia del Cristianismo por distintas regiones de la Bética: Torcuato permaneció en Acci (Guadix), Tesifonte marchó a Vergi (Berja), Hesiquio a Carcere (Cazorla o Cieza), Indalecio a Urci (Pechina), Segundo a Abula (Abla, según otros Ávila), Eufrasio a Iliturgi (Andújar) y Cecilio a Iliberri (Iliberris o Elvira, la actual Granada).

Procesión de San Indalecio - Foto de Guillermo Mendez
Procesión de San Indalecio - Foto de Guillermo Mendez

Se considera a Indalecio el primer obispo de Almería. Los documentos más antiguos de la tradición le hacen español, convertido por Santiago en Zaragoza, pues habría nacido en tierras aragonesas, en Caspe. Fijó su sede episcopal en la ciudad de Urci (actual Pechina), que con el tiempo fue trasladada a Almería. Los obispos de Almería se tienen como sus sucesores. De Urci pasa a Granada, Cartagena, Lorca, Murcia, Elche, Orihuela, Alicante, Valencia, Alcañices y Segorbe. Luego pasa a Tarazona, Zaragoza, Oca, Burgos, Toledo y finalmente a su querida Urci. Sobre su muerte hay distintas versiones, José García Antón en su obra "Urci y San Indalecio" nos lo describe así:

Padre Florez dice: "Este después de haber estado con los demás en Acci, y haver visto los prodigios que obró Dios por su medio, escogió para teatro de su apostólico empleo, la ciudad de que tratamos, siendo su primer Predicador y Obispo, por cuyo medio empezó la cristiandad en Urci". Más adelante el mismo autor señala que de San Indalecio "sólo sabemos lo que el Oficio Gothico refiere en el Oficio de los Siete Apostólicos", aparte de su entrada en España en compañía de los otros seis Varones, y de los cuales más adelante trataremos. Por último añade Florez "que dejó rubricada con su sangre la fé que predicó". Con lo cual quiere indicar que murió mártir. Sin embargo, la liturgia mozárabe al referirse a los Varones Apostólicos, los llamó "Doctores de la Fé", y la mayor parte de las fuentes sólo dicen "descansaron en paz". Esto hace pensar que no está clara su condición de mártires. Según J. Vives, del estudio de varios códices se desprende que los "Varones Apostólicos fueron confesores en la acepción moderna de la palabra, no mártires", y que por tanto murieron de muerte natural. A San Indalecio, el Padre Tapia, al tratar de los Obispos de Almería, le considera el primero, fundador de la sede urcitana, siendo ésta la antecesora de Almería.

Ya en el siglo XI, el abad de San Juan de la Peña, se embarca en la empresa de buscar los restos del cuerpo del santo y trasladarlos a dicho monasterio. Junto con otros monjes viaja hasta Urci acompañado de un capitán mozárabe llamado García Arnáez. Allí, en sueños, un ángel le revela el paradero de la tumba. Una vez exhumados los restos, van subiendo al norte siguiendo el Mediterráneo, hasta que en marzo de 1084 llegan al monasterio pirenaico. En abril de 1187, 238 pueblos de la zona de San Juan de la Peña hicieron Solemne Voto de acudir una vez al año, en torno a la Solemnidad de Pentecostés al monasterio para que el santo concediese agua para los campos y serenidad para las cosechas. El blog "La dársena del desguace" nos lo cuenta así:

Monasterio de San Juan de la Peña, Huesca
Monasterio de San Juan de la Peña, Huesca

"El relato de la  historia del hallazgo de las reliquias y  su traslado a San Juan de la Peña, lo conocemos por  el testimonio  de un monje de la abadía borgoñesa de Cluny, llamado Hebretheme ,  testigo del solemne acto de recepción de la reliquia, el cual, a petición del abad Sancho escribió el relato de la aventura , llevada a cabo por dos monjes pinatenses  bajo la protección del  “Príncipe García”,  mercenario al servicio del rey musulmán en los reinos de las taifas de Murcia y Sevilla. Este  militar pirenaico, familiar del abad Sancho, llegó camino de Santiago al monasterio donde el abad  pidió a su pariente que le ayudara en la consecución de la reliquia, petición  a la que al regreso  de la peregrinación al sepulcro del santo, García accedió. Dos monjes pinatenses,  Evancio y García  fueron los designados por Sancho para acompañarle y llevar a cabo la misión.

Según sigue contando el monje Hebrethme, cuya historia parece creíble salvando los pasajes de la intervención angélica, poco después de llegar a los tres a Murcia, empezó la guerra por la posesión de la población de Bearia (¿Baria, Villaricos?) entre Muhammad ibn Abbad al Mutamid, rey de esta taifa y el de Almería, Abu Yahya Muhammad al Mutásim. Por este motivo el citado García recibió la orden de formar parte de las tropas que iban a recuperar esta ciudad. Este con los dos monjes y sus propios soldados llegó hasta Urci donde, gracias a la intervención angélica, encontraron la iglesia y el sepulcro que contenía los restos del santo y consiguieron hacerse con ellos y con los de Santiago, su discípulo y sucesor en el obispado."

Tras la Desamortización, la urna con los restos del santos fue trasladada a la Catedral de Jaca. Gracias a las gestiones del obispo D. Rosendo Álvarez Gastón se devolvieron ciertas reliquias que fueron colocadas bajo el altar de la S. A. I. Catedral de la Encarnación de Almería y en el Seminario Conciliar de San Indalecio de Almería.

 


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